E-BOOK: "Heidegger y el Nazismo: Entrevista a Nicolás González Varela por Salvador López Arnal" (2014)
SLA: El filósofo más influyente del siglo XX en Occidente, o uno
de los más influyentes cuanto menos, era un nazi típico se ha señalado. ¿Lo era
en tu opinión?
NGV: Heidegger fue
catalogado como “Nazi typique”, tal la
conclusión lógica y objetiva a la que llegaron las fuerzas de ocupación
francesas en Freiburg cuando “desnazificaron” la universidad después de 1945.
Durante la Épuration, que estuvo
a punto de confiscarle su casa (considerada como un edificio del NSDAP) y su
amada biblioteca, Heidegger bajo juramento declaró que negaba “la base espiritual
y metafísica del Biologismo de la doctrina del partido” porque “lo social y
nacional no estaban vinculados esencialmente con la Concepción del Mundo
biológica y racial”, aunque había apoyado a Hitler “porque era la única y
suprema posibilidad de evitar el avance del Comunismo”. La filosofía de Heidegger por supuesto no se reduce ad Hitlerum, es un pensador demasiado
complejo, creativo y sofisticado como para mecánicamente asimilarlo sin más a
la ideología NS, pero sí tiene puntos de contactos vitales y afinidades
electivas con el Mainstream
ideológico völkisch, popular-racial
de la nueva derecha alemana. Heidegger no tiene una marginalen Stellen con el Totalitarismo nazi sino una relación
nuclear y necesaria. La relación de Heidegger con el partido nazi está bien
testimoniada y era notoria a mediados de los años 1920’s. A modo de ejemplo: el
poeta residente en Badenweiler, René Schikele, anota en su diario personal el 2
de agosto de 1932: “...en los círculos universitarios de Freiburg se cuenta que
Heidegger ya sólo se relaciona con los nacionalsocialistas...”; el mismo
Jaspers anota en notas póstumas semejantes rumores. El gran filósofo Edmund
Husserl, maestro y padrino en su carrerismo académico señalaba las tendencias
políticas evidentes de Heidegger hacia el nacionalsocialismo, en fechas tan
tempranas como 1929, así como de su antisemitismo furioso. En el famoso debate
con el neokantiano judío Cassirer en Davos en 1929, Toni, la esposa del
filósofo, recuerda en sus memorias quedar sorprendida por el rampante
radicalismo de derecha y el antisemitismo de Heidegger. Los contactos de
Heidegger con el NSDAP se ligaban a su relación con la “NsDStB”, la Nationalsozialistischer Deutscher
StudentenBund, asociación de estudiantes nazis, encuadradas en las SA, y su
estrecha amistad con su líder regional, Gerhard Kruger, por lo menos desde
1931. Heidegger también confesó haber leído Mein
Kampf de Hitler… Sabemos de su correspondencia con su esposa (Elfride fue un
cuadro político nacionalsocialista) que leía diariamente el órgano de prensa
del NSDAP, el Völkischer Beobachter,
dirigido por Alfred Rosenberg, cuyo motto
era “Kampfblatt der nationalsozialistischen Bewegung Großdeutschlands” (Diario
de combate del Movimiento Nacionalsocialista de la Gran Alemania) o que ya en
1932 votó las listas nacionalsocialistas. No es casualidad la referencia
misteriosa de Heidegger a las características de semidiós olímpico del Führer. En estos textos (sus discursos públicos), y contra la
hermeneútica de la inocencia que practican los heideggerianos, Heidegger
utiliza toda la analítica existencial de su obra magna, Ser y Tiempo (1927), en especial la desarrollada a partir del
capítulo V, “Temporalidad e Historicidad” y en particular el parágrafo 74, “La
constitución fundamental de la historicidad” y el parágrafo 77 sobre el
problema de la Historicidad. No es ningún hallazgo, Heidegger mismo le había
confesado a su ex alumno y ayudante, el filósofo Karl Löwith, que su compromiso
político con el Nacionalsocialismo se encontraba “en su concepto de Historicidad”.
La cuestión es triple: por un lado Heidegger ya tenía una filosofía política in nuce, orientada hacia los grandes
ejes ideológicos de la nueva derecha alemana y europea
(Conservadores-revolucionarios; Nacionalsocialistas, movimiento Völkisch); por el otro, en su obra Sein und Zeit se encuentra, en potencia,
in pectore, las premisas de su
compromiso político abierto y militante de 1933; en tercer lugar, Heidegger de
alguna manera introduce su filosofía práctica en la gran corriente ideológica
del Nacionalsocialismo, le hace “coincidir” en una nueva síntesis que intentará
competir con otros filósofos oficiales del IIIº Reich, mucho más mediocres como
Hayse (por cierto un epígono de sus ideas), Krieck o Baeumler. Esto es bien
visible en el “uso” de palabras-hongo de la ideología nazi, como “Decisión”,
“Racial-Popular”, “Comunidad Racial-Popular” o “Principio del Caudillo”.
Heidegger creía fanáticamente en una reconstrucción, según el modelo griego, de
la Volksgemeinschaft, la antigua vida
comunitaria germánica, reconstituida sobre la base de una religión “Sangre y
Tierra” estética. El uso no inocente de términos como Blut, Boden, Volksgemeinschaft, Weltjudentum, Führer, Gefolgschaft, fulgurando desde faros
filosóficos, es suficiente constancia no sólo de su adhesión leal y militante,
sino de una aceptación al sustrato racista-biológico del NSDAP. Por supuesto:
esto último era negado a rajatabla por Heidegger y por supuesto por el Heideggériannisme. Y entonces aparecen
los “Schwartzen Hefte”…(Extracto del libro)
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