jueves, enero 06, 2022


Engels joven-dialéctico 1839-1840

por Nicolás González Varela


"No soy un Doctor [de Filosofía] y no puedo llegar a serlo nunca.
Sólo soy un comerciante y actualmente un artillero real prusiano.”
(Engels, presentación de su currículum a Ruge, 1841)


  Si la Verdad reside en el proceso, el derrotero de Engels hacía la apropiación íntima de la Dialéctica nos tiene que ofrecer una clave para entender su figura como pensador autónomo al propio Marx.[1] La Kritik a la ideología del joven Engels fue, en un desarrollo de toma y daca, de avances y retrocesos, un proceso general de deconstrucción de la operación falsa del entendimiento que proponía la Aufklärung en torno a la Metapolítica moderna. Toda tesis lleva implícita una unilateralidad -tal el principio de negatividad; sobre la negación de la negación, partiendo de lo reflexivo, se levanta ahora un criterio protomaterialista, el Idealismo objetivo y la “Historia filosófica” de la izquierda hegeliana, que Engels fue capaz de impregnarse creativa y prematuramente. El exceso especulativo de Hegel en su exposición del Espíritu objetivo jamás logra asfixiar su profundidad materialista, sofocar su tendencia concreta. Las conclusiones son revolucionarias: la sustancia es sujeto pero solamente en sí. Utópicamente, en sí el ser humano es todo. Se trata de un decisivo y rápido proceso de reabsorción y de reorganización del joven Engels, que clausura toda una etapa anterior que queda cancelada. El saber concreto (dialéctico) exige, además de la disyunción, un tercer término, es un “tanto esto como lo otro”, como un “ni esto ni lo otro”. Todo lleva la marca de la mediación. La Verdad NO es ni un concepto determinado NI un ser determinado. El antidualismo hegeliano, radical y de largo aliento, también es sumado a la perspectiva crítica.

  En el propio devenir de sus escritos, es posible visualizar en negativo el derrotero ideológico y político de Engels, más prematuro teóricamente y al mismo tiempo, más sesgado y fatigoso que el curso preferiblemente lineal, incluso de curso académico, del propio Marx. Al no existir en Prusia la esfera de lo político como ámbito separado, la Kritik de la Política se debía practicar sobre territorios intermedios, como la Literatura y la Teología, y como no, en la misma sórdida lucha en la propia Filosofía. La disolución dialéctica de lo finito, la erosión de toda determinación, es un descubrimiento subversivo que Engels encuentra en su camino de autodidacta, develamiento que corrige su propia autorreferencia y su propio desarrollo intelectual. Y quizá su primer momento de aplicación surgiera por la crítica a la Heimat, a la pequeña Patria del Wupper, la bergisches Land, a la Mánchester renana, enclave de fabricación textil impulsada por el agua y rodeada por una agricultura campesina provincial y casi medieval. Pero el filo de la crítica no se detuvo en la objetividad externa, la Dialéctica se hizo intensamente subjetiva. Engels deconstruyó sin piedad a la propia vida cotidiana familiar, la alienación rutinaria de la Costumbre, el Hábito como esa cierta manera de tener que se vuelve manera de ser. O como decía el “notorio” Hegel, la tradición como “esa circunstancia que nos permite decir que las cosas nos parecen ser así, pero no que SON así." Lo ideal no se inventa, se descubre bajo los escombros de lo real. En lo real se esconde lo ideal. Es que Hegel prioriza el lado práctico, la praxis humana.

  El Engels joven-joven parte desde la orilla de la Literatura romántica y radical de la “Joven Alemania”, en su versión decadente final,[2] enfrentándose primero a su propia rutina religiosa comunitaria y familiar, la superestructura del Pietismo, la estructura iluminista autoritaria del Regionalismo prusiano, por lo que parte no tanto de la Filosofía pura como de la crítica de la Religión, la Bibelkritik (Strauss es aquí su Sócrates) es su modo de desembarazarse del peso muerto de su tradición y, al mismo tiempo en una doble tarea simultánea, destripar de manera materialista las formas alienadas de su tiempo. “Estoy con la Joven Alemania en cuerpo y alma”, confesaba en 1839,[3] y fue precisamente este movimiento el que le permitió desarrollar instrumentos y métodos de entender la realidad que podemos calificar de “protomaterialistas”. Abrazó el ideario liberal del movimiento: Constitución escrita (racional en términos hegelianos), Libertad de Prensa, abolición de todas las formas de coacción religiosa, y emancipación de la mujer. Más adelante, en 1851, dirá Engels, recordando estos momentos, que “la Literatura alemana ha sentido también la influencia de la agitación política en la que los acontecimientos [de la Revolución de julio] de 1830 lanzaron a toda Europa. Casi todos los escritores de ese período predicaban un Constitucionalismo inmaduro o un Republicanismo más inmaduro aún. Fueron adquiriendo más y más la costumbre… de llenar la falta de talento de sus obras con alusiones políticas capaces de llamar la atención del público. Las poesías, las novelas, las reseñas, los dramas, en suma, todos los géneros de creación literaria rebosaban de lo que se dio en llamar «tendencia», es decir, exposiciones más o menos tímidas de espíritu antigubernamental. Para completar la confusión de ideas que reinaba en Alemania después de 1830, estos elementos de oposición política se entremezclaron con recuerdos universitarios mal asimilados de Filosofía alemana y fragmentos mal entendidos de Socialismo francés, particularmente de Saint-Simonismus; y la clique de escritores que propagaba este conglomerado heterogéneo de ideas se denominó presuntuosamente a sí misma «Joven Alemania» o «Moderna Escuela»”[4]

  A los aportes de su padrino Gutzkow, que le abrió la puerta a ser leído en un periódico masivo e influyente en la opinión pública burguesa y órgano central del movimiento, teóricamente se le sumó el aporte político-literario de Börne,[5] defensor de la forma republicana, individualista metodológico, cosmopolita y liberal de izquierda en lo económico, al que definió como “el hombre de la práctica política”. Me he posado firmemente, confesaba a sus amigos, “en las ramas de un roble llamado Börne”. Las necesidades de la Bibelkritik y de la lucha contra el Estado monárquico-teológico, le obligaron a conocer a Strauss, el famoso hegeliano de izquierda, y su libro sobre la vida de Jesús, objeto furioso de una futura crítica desde la derecha de un tal Nietzsche, que le condujo a Hegel sin dilaciones en un viaje sin retorno. Previamente el joven Engels creía que la Teoría y la Historia se oponen de alguna manera completamente, como lo entendía Schelling, que el filósofo concluye los acontecimientos con un canto fúnebre y el hombre de acción inicia la obertura. Vislumbró entonces, por poco tiempo, que la tarea pendiente de la Teoría crítica era superar las unilateralidades (ya de Teoría, ya de Estética, ya de Historia) de las vanguardias literarias y filosóficas. Se trataba de llevar a término “la compenetración de Börne y Hegel, la mediación entre Vida y Ciencia, entre la Realidad moderna y la auténtica Filosofía”. El híbrido parecía imposible de sintetizar en la alta Teoría, el cuádruple frente de combate en el Volksgeist alemán (el Espíritu libre luchando contra curas y pietistas, contra la Nobleza y su burocracia, contra la Aristocracia del dinero y los poseedores y, finalmente, la pulsión republicana contra la Monarquía y los ridículos principados) requería un método realmente sólido y revolucionario, un instrumento que ya no podían encontrarse en la elemental caja de herramientas de la Joven Alemania. Lo real, en su devenir, exige un nuevo método de tratar la materia. Si antes Hegel formaba parte indispensable de un mix teórico-crítico subversivo con el admirado Börne, producto de su intentó imposible durante un corto período de amasar un híbrido entre el alma republicana de la Joven Alemania con la Logik hegeliana, el joven Engels da un paso al frente, descubre que Hegel no debía complementarse con nada ni nadie. Su “colosal sistema” (sic), su método dialéctico era autosuficiente, no requería de complementos ni parches exteriores, y superaba toda dualismo, toda unilateralidad. No se necesitaba el lado práctico del Republicanismo político y el Liberalismo económico de Börne, ahora “antítesis estricta de Hegel”. A estas alturas ya había alcanzado, por su propios medios, naturalmente, las conclusiones críticas de los “Jóvenes hegelianos” e incluso un más allá. Recordaba nuevamente en 1851 que “la Filosofía alemana, que es el exponente más complicado, pero, a la vez, más seguro del desarrollo del pensamiento alemán, se puso de parte de la clase media cuando Hegel declaró en su Filosofía del Derecho que la monarquía constitucional es la forma final y más perfecta de gobierno. Dicho con otras palabras, Hegel anunció que se aproximaba el advenimiento de la clase media del país al poder político. Muerto Hegel, su escuela no se detuvo ahí. Mientras la parte más avanzada de sus adeptos, por un lado, sometió toda creencia religiosa a la prueba de una crítica rigurosa y conmovió hasta los cimientos el vetusto edificio del Cristianismo, planteó al mismo tiempo principios políticos más audaces en comparación con los que hasta entonces eran del dominio del oído alemán e intentó restablecer la gloriosa memoria de los héroes de la primera revolución francesa. El oscuro lenguaje filosófico en que iban envueltas esas ideas ofuscaba el entendimiento tanto del literato como del lector, en cambio cegaba por completo al censor, y por eso los «Jóvenes Hegelianos» gozaban de una libertad de prensa desconocida en cualquier otra rama de la literatura.”[6]

 Misston und Zwiespalt, división y disonancia, el Mundo burgués de los 1830 -afirma Hegel- muestra todas las miserias y vicios que se exhibían en el Mundo romano; el Pueblo no puede hallar lo que le conviene, la pasión por el Derecho privado y el goce inmediato está al orden del día, desde la Moralidad la opinión caprichosamente personal y la convicción desprovista de toda verdad objetiva son autoridad; y continúa afirmando que ”la unidad de lo exterior y de lo interior ya no está presente en la conciencia inmediata, en la realidad. La sal ha llegado a ser insípida.” La Religión, incluso en su forma iluminista como la pietista, o incluso con la que debatirá el joven Engels, la versión progresista denominada “racionalista”, ya no le aporta reconciliación sino parodia, ruina e inercia. La Filosofía no puede resolver esta Misston de manera efectiva, ya que solo es una reconciliación en falso, parcial, y en el pensamiento, válida solo para la pequeña secta de testigos de la Verdad, tribunos protestantes, filósofos y académicos. No se resuelve ningún problema real, no ambiciona resolver las disonancias y contradicciones de la época. Hegel, dirá el joven Engels, “tiene una gran importancia práctica para el presente.”

  En mayo de 1839 Engels habla explícitamente sobre la Dialektik hegeliana en su correspondencia privada; explica, luego de repasar las polémicas dentro del propio Hegelianismo, que “quién quiera atacar a la Escuela hegeliana debe ser él mismo un Hegel y crear una nueva Filosofía en su lugar”; además, concluye, la Lógica de la Dialéctica tiene efectos críticos-subversivos incuestionables. En este momento es suficiente por sí misma, el joven Engels no exige la Umkehrung, la Umstülpung de su núcleo idealista objetivo. “Rezo por la Verdad”, le confiesa a un amigo se su infancia en la misma época. Está aquí el interregno, la transición, el pasaje, la Übergang sobre su conciencia tardo-romántica, que abandonará para siempre. Tendremos que esperar hasta mayo de 1840, para que aparezca citada por primera vez públicamente, en un contexto polémico, el término técnico de “Dialéctica”. Engels ha tardado un año en absorber, aprehender, procesar y aplicar creativamente el aparato de la Kritik dialéctica. Aunque ya habían aparecido signos y señales antes, la Filosofía de Hegel tiene cada vez más un magnetismo inevitable y potente, demostrado por su eficacia y productividad en la apropiación crítica de lo concreto. En el joven Engels surgía el convencimiento de su absoluta superioridad, sobre cualquier otra filosofía de la época, como es evidente leerlo en tonos orgullosos y positivos a lo largo del año 1839, por ejemplo en su artículo sobre Karl Beck,[7] en “Signos retrógrados de los tiempos”, donde defiende la Filosofía de la Historia hegeliana de la crítica externa de su colega Gutzkow,[8] padrino en la carrera de periodista. Engels afirma sin titubeos que el Materialismo moderno comienza a estar ocupado por derecho propio por el nuevo Idealismo objetivo de Hegel, y que las categoría hegelianas de la Historia se han introducido legítimamente, pero de manera deficiente y acrítica, en la propia Literatura alemana. Es más: Engels que “el nuevo Hegelianismo tiene una confianza entusiasta e inquebrantable en la Idea, única fortaleza en la que los liberales pueden encontrar un refugio seguro.” Califica a las raíces del sistema hegeliano como superador en consistencia interna con respecto de todos los predecesores o competidores del mercado filosófico, citando varios hegelianos conocidos (Hotho, Rötscher, Strauss nuevamente, Rosenkranz); aquí propone nuevamente su programa crítico basado en una complementación entre Ciencia y Vida, entre la Filosofía y las ciencias modernas; ergo: entre Hegel y su admirado Börne. En abril de 1840 en un artículo sobre Joel Jacoby,[9] Engels explica cómo se ha malinterpretado a Hegel, dentro y fuera del movimiento de los hegelianos; califica sin taxativos de “maestro” al propio Hegel. En el artículo “Réquiem por el Adelszeitung”[10] de abril de 1840, reconoce el trasfondo revolucionario de Hegel, de su idea de Estado “racional”, de su dialéctica subversiva, citando por primera vez recientes polémicas contra el Hegelianismo, los que nos habla de su conocimiento experto sobre el estado polémico de la cuestión en los años 1830’s.[11] De su admirado David Strauss (al que califica de “irrefutable”)[12] y de sus lecturas sobre la polémica en el seno del Hegelianismo (Leo contra Michelet, Eduard Gans, etc.) y los ataques externos (de un notorio seguidor de Goethe como Schubardt) a las consecuencias revolucionarias y críticas del sistema hegeliano. Engels parece manejar y conocer las líneas ideológicas internas del Hegelianismus, reconoce la capacidad de la Dialéctica de generar efectos críticos y subversivos que permiten emerger la Verdad. Incluso descubre su trasfondo cercano al Liberalismo político, vía Ruge. Ya en noviembre del mismo año confiesa sin tapujos que “estoy a punto de convertirme en hegeliano”, y nos da la clave de la fuente primaria de su lectura, del origen de su aprehensión del método especulativo de Hegel: “la Filosofía de la Historia hegeliana está escrita como si yo lo hubiera hecho desde mi corazón.”, para concluir afirmando que “me voy a estudiar a Hegel con un vaso de ponche en la mano.” La reapropiación de la Dialéctica y de la idea de Estado racional, a diferencia de Marx, o de Bruno Bauer, no la hace el joven Engels desde las chefs-d'œuvre hegelianas, como la Fenomenología o la Lógica, sino desde una de las obras más maduras pero más subestimadas y vilipendiadas por los críticos hegelianos, una obra al parecer innecesaria, un monstruo inofensivo, incluso uno de ellos afirmó que era la “parte vergonzosa” de su System.[13] Se trata de sus Lecciones sobre la Filosofía de la Historia mundial, la versión editada por Eduard Gans y Karl Hegel; Engels dirá que gracias al trabajo editorial de Gans “la Filosofía de la Historia de Hegel llegó al presente, confesando que estudia la obra “obedientemente cada noche, y se apoderan de mí, de manera terrible, los más tremendos pensamientos.” A inicios de 1840 se confiesa ya ser “un panteísta moderno, es decir: Hegel.” En el Panteísmo personificador hegeliano el ser humano es el que debe saberse Dios, como decía Heine. En rara coincidencia, el joven Marx calificará en su Kritik a la Filosofía del Derecho el sistema de Hegel como “misticismo panteísta lógico” en 1843. El Comunismo, se decía en la época, es la Política del Panteísmo, el Panteísmo traducido al clivaje político.[14] Hegel se asocia con el Saintsimonismo, y el Liberalismo por toda Alemania. Los socialista alemanes -dirá el Engels tardío con toda razón y recordando sus furiosos años de formación autodidacta- nos enorgullecemos de descender, no solo de Saint-Simon, Fourier y Owen, sino también de Hegel. Y un poco más adelante recordará, al mejor estilo de su admirado Shelley (al que pensaba traducir al alemán), el sublime momento que tuvo “cuando por primera vez apareció ante mí la idea de Dios del último de los filósofos [Hegel], este pensamiento tan gigantesco del siglo XIX,… una lluvia de felicidad se apoderó de mí, sopló hacia mí como aire fresco de mar, el aire que bajó del cielo más puro de las profundidades de la Especulación.”[15] En sus obras podía leer que nuestra sociedad civilizada burguesa se fundamenta en “una fabricación complicada en que el ser humano mismo es convertido en máquina sujeto a otras máquinas. Las cosas, los productos humanos, han perdido su frescura y su vitalidad; permanecen inanimadas, y no son ya creaciones propias, directas de la persona humana, en que el ser humano gusta de complacerse y contemplarse a sí mismo.” He aquí la buscada conexión interna de la Modernidad, una conexión viva que puede aparecer únicamente “en un Todo articulado, cuyas partes forman a su vez círculos particulares”. Este notable diagnóstico epocal hegeliano, Vor-marxista podría decirse, recordemos la propia asimilación de la novísima Economía Política en el mismo Hegel muchas veces subestimada, es el que retoma el joven Engels. La exigencia del ideal realizado, encarnado sí o sí en la materia, es una especie de Materialismo ad pectore encarnado en la dialéctica del Espíritu objetivo.

  Al parecer la maduración-irrupción del sistema hegeliano como Kritik a la Modernidad burguesa se produce en febrero de 1840 y se trasluce en la serie de artículos titulados “Vida literaria moderna”.[16] Bajo una crítica al Estilo en tanto carácter de un autor, que se revela por entero en su manera de expresarse, en el giro dado a su pensamiento, como “mediación” entre la manera o modo y la verdadera originalidad, por cierto, ideas de la Estética hegeliana. Engels coloca en la contradicción cultural alemana en un primer momento a Goethe y a Jean Paul (tal como lo hace el propio Hegel en su Estética) colocando como mediación a la Joven Alemania, en especial a Börne. La tarea decisiva de nuestra época -dirá Engels- “es completar la fusión de Hegel y Börne”. Éste último ha prestado un mayor servicio a la Idea que “los hegelianos que se aprendieron de memoria la Enciclopedia de Hegel y pensaron ya habían hecho suficiente por el siglo.” Por otro lado, Engels afirma, en su crítica a Mundt, que el sistema hegeliano es un sólido árbol que genera una segura sobra en la que guarecerse, pero que muchos hegelianos terminan dogmatizando las enseñanza del “Maestro-rey” (Engels utiliza irónicamente el término persa Padisha), utilizando aquí y allá axiomas sueltos, fórmulas ad hoc, sin comprender el método crítico, la propia Dialéctica. Dirá por ello en su correspondencia en 1840 que “sus discípulos han hecho más dañó a Hegel que nadie; solo Gans, Rosenkranz, Ruge et altri fueron dignos de él.” El Engels maduro, recordando esta época, afirmará que “no podía tratarse de mantener el contenido dogmático del sistema de Hegel según lo predicaba el Hegelianismo berlinés de la vieja y la nueva escuela” y volverá a llamar a Hegel un pensador colosal “a quién tanto debemos.”

  Y para descubrir las raíces profundas del malestar social y político, empleará dos herramientas hegelianas fundamentales: la Dialéctica histórica (como movimiento que permite pensar concretamente lo real, ahora Deus sive historia) y el concepto de Staat racional hegeliano (el material de realización del Espíritu universal en la Historia), ambos tomados, como señalamos, de la Filosofía de la Historia, a la que define como “grandiosa obra”. En especial hay que destacar un concepto de Estado hegeliano maduro, creemos, menos ambiguo, con implicaciones materialistas y más revolucionario que el que aparece en los famosos Grundlinien der Philosophie des Rechts. Pero además, en su Historia filosófica, Hegel incorpora una determinación nueva, potencialmente subversiva, la de Klasse, clase social, que encuentra ya en la primera forma-Estado de la Humanidad, en el Mundo oriental, específicamente en China. Es decir: para Hegel en el origen del Estado, incluso en rudimentarios o “groseros”, institución que es definida técnicamente como “convivencia bajo un principio universal que reúne la Soberanía”, ya vive la escisión, coexisten en tensión diferencias de clases y estamentos complejas y múltiples.

 DIALÉCTICA HISTÓRICA. Se pueden distinguir en Hegel tres formas dialécticas: la natural o ciega, inconsciente; la subjetiva o consciente (base de la Libertad) y la histórica, incompletamente consciente, reino de la alienación y el extrañamiento y de su superación. La Dialéctica histórica hegeliana, la que asimilará en esta época Engels, es en realidad una composición dialéctica de lo ciego con lo consciente en proporciones variables, un mix de los dos tipos fundamentales de formas dialécticas. El fin único y último del Espíritu en la Historia es la Libertad según Hegel. El joven Engels afirmará, en 1840, recreando la feliz fórmula, que “la Libertad y la Necesidad son idénticas.” Y el Mundo solo debe tener como meta que el Espíritu tenga conciencia de su potencia como Libertad y que de este modo su Libertad se “realice” en lo real, no permanezca como mera conciencia en sí en el pensamiento o en la interioridad. Se trata de la máxima Libertad del sujeto, en que éste tenga su conciencia moral, que proponga fines universales, revolucionarios, y que los haga valer. Los espíritus de los pueblos son los miembros de este proceso de toma y daca dialéctico que se desarrolla dramáticamente en la Historia, en los cuales el Espíritu, lo racional, llega al libre conocimiento de sí mismo. El Volksgeist es un espíritu determinado, un todo concreto, que debe ser conocido en su determinación real. La Religión, el Arte, la Filosofía, la Cultura en general, los destinos y acontecimientos constituyen su desenvolvimiento dialéctico, que es su carácter nacional. Mostrar, exponer en qué consiste esta conexión con el Espíritu dentro del movimiento de un pueblo, sus limitaciones y unilateralidades, es la tarea primordial de la Kritik. Los pueblos “son” sus actos materiales, los actos materiales, su “obra” (cultos, costumbres, usos, Arte, constituciones, leyes políticas, el orbe entero de sus instituciones) son su fin. Es por su “obra” que sabemos si un pueblo trabaja para el fin del Espíritu, o no. Pero además, cuando la necesidad del Espíritu que había surgido en torno a un pueblo ha sido ya culminada, debiendo ser coronada materialmente por una institución, un tipo de gobierno, por ejemplo, deja de existir, y entonces la negatividad exige que esa institución debe ser negada y debe suprimirse. Ese pueblo vive -dice Hegel- en un presente sin necesidades, sin racionalidades. Lo imperfecto, así como lo opuesto a sí mismo en sí mismo, es la Widerspruch, la Contradicción que ciertamente existe, pero que es igualmente aufgehoben, cancelada y resuelta, por el empuje, el impulso de la vida espiritual en sí misma, para romper la corteza de la naturalidad, la sensualidad y la extrañeza de sí misma y poder llegar a la luz de la conciencia, es decir, a sí misma. La Dialéctica devela la lógica de este Mundo invertido en forma de una Historia filosófica. La Historia del Mundo -resume el joven Engels a principios de 1840- “es el desarrollo del concepto de Libertad.” Y devela la clave de su enigma, el principio de su movimiento hacia una nueva unidad. No es otra cosa que reflejo histórico de la contradicción suprema entre Pensamiento y Ser. Un desdoblamiento, una rigidez unilateral en la Historia que exige ser, sí o sí, superada en la praxis. La Dialéctica se presenta como la necesidad de un Pueblo de pensarse, una reflexión que ya no exige respeto por lo inmediato, porque el Espíritu subjetivo se ha separado de lo racional, de lo universal. La dualidad implica, conlleva consigo, la necesidad de una nueva síntesis, de una unión, de producir una unidad. La oposición en que el Espíritu entra con un principio inferior, no es otra cosa que la Widerspruch, la Contradicción, conduce al principio superior, más elevado. La negación (doble negación en realidad) que surge de ello ya no es la negación externa kantiana, sino una negación interior, refutación necesaria que no solo difiere de esta sino que la excluye para explicar el proceso. La unión, la anulación de lo unilateral, solo se encuentra en un principio superior al actual. La tarea del crítico, ergo: del tribuno revolucionario, consiste entonces en descubrir aquel “algo” concreto a negar en las conexiones internas de su Pueblo para evitar los retrocesos irracionales, desvíos excesivos, esquivar incidentes de negaciones accidentales o exteriores, facilitar la Übergang, los pasajes y las transiciones a estadios superiores. Así Engels acusa a toda una series de autores de ser “unilaterales” al juzgar más por “la debilidad del objeto” desde un solo punto de vista, sin tomar la perspectiva del Todo articulado e interconectado. La disensión encierra lo superior de la conciencia pero debe ser acopiada y recogida por medio de la Kritik en todo su vigor y actualidad. Se encuentra en lo negativo un fin, surge el aspecto afirmativo de la negatividad que trastorna y convulsiona el Presente. Engels comenzará a realizar esta Anwendung, esta aplicación crítica de la Dialéctica, que intenta descubrir la conexión íntima, la Zusammenhang, que reconoce la unidad del Mundo humano en la contraposición que debe cancelarse. Engels dirá que “allí donde se llega a conocer el encadenamiento interno de las formas de existencias sociales y políticas de un período, suele ocurrir en el momento en que estas formas ya cumplieron la mitad de su desarrollo, cuando marchan hacia su declinación.” La Dialéctica le permite a Engels recuperar y reconstruir el movimiento de la cosa, o sea que por primera vez en este sistema la Totalidad del mundo histórico y espiritual se presenta como Proceso, y en su devenir, en sus cambios y movimientos, sus necesarias conexiones internas. Lo dirá claramente: “la Escuela hegeliana, en su más joven y libre último desarrollo, y la generación más joven, como prefieren llamarse, avanzan hacia una unificación que tendrá las más significativa influencia.” Hegel le suministraba al joven Engels, con su “Estilo descarado”, y a toda una nueva generación de escritores y pensadores, no solo la exposición del proceso, sino también el modo de empleo, la lógica inmanente del proceso, la Dialektik. Existe una acción recíproca entre los diferentes momentos dentro de una Totalidad orgánica siempre en movimiento. En el Mundo del Espíritu Objetivo todo lucha contra todo, Alles ist entegegengesetzt y la perspectiva justa de la crítica es la que permite conocer el modo como esta unidad momentánea en la Historia está determinada. Cómo dice el joven Engels, contra quienes lo malentienden, “desde esta aparente ‘’Filosofía prusiana de Estado’ surgieron brotes con los que ningún partido soñó… el lado político del sistema hegeliano está de acuerdo con el Espíritu de la época.”[17]




  Das Material, ESTADO: el joven Engels utiliza una determinación para criticar la forma Estado de su época, y es la hegeliana de vernünftigen Staat, “Estado racional”.[18] Recordemos que el Estado en Hegel es el objeto inmediato de la Historia filosófica, una sustancia que también sufre el ritmo de vida dialéctico. El Staat, como efectividad de la Idea ética, es el punto en que ésta llega a la conciencia de sí misma en la inmediatez del Mundo. El Estado es una abstracción real y a la vez una Totalidad individual, orgánica, un “individuo espiritual”. Es orbe moral y realidad de la Libertad. El perfeccionamiento de esta sustancia, el Estado, se convierte en resultado de todo un camino que, a través de la dialéctica de la Esencia, llega a poner al concepto como sujeto, lo que bloquea todo intento de escindir de la Libertad al Staat en tanto sustancia ética. La sustancia ética (en cuanto forma estatal) nos remite a la determinación de la sustancialidad en la Logik, allí se demuestra que toda sustancia es relación, realidad inmediata pero procesal y relación consigo misma, allí ella es la que garantiza la transición de la Lógica objetiva (la famosa Doctrina de la Esencia) a la Lógica subjetiva, el punctum saliens en el cual la propia sustancia se hace sujeto que por sí mismo se postula en la Libertad. Si históricamente no se produce este proceso, quién lo sufre es la Libertad. Por ello es que toca a los individuos pensar lo que es la experiencia vivida del concepto en un Staat determinado, con el fin de liberar de ellos, mediante la Kritik y la acción en lo real, las nuevas determinaciones en potencia de la Libertad. Por lo tanto el fin del Estado como material en la Historia es que la Libertad se haga objetiva y se realice positivamente, tal el reclamo que hace el joven Engels. Su fin es que lo sustancial (racional) tenga validez, exista y se conserve en las acciones humanas e incluso en sus intenciones. Por eso el fuerte énfasis de Hegel en la praxis: el ser humano “es” la serie de sus actos, es aquello para lo cual se ha hecho. En el Staat lo necesario deber ser lo racional como sustancia, ya que se define como una comunidad de existencia donde desaparece toda oposición entre Necesidad y Libertad.

  Hegel sostiene que una constitución es racional cuando está diferenciada interiormente en tres momentos (poderes) -monarca, ejecutivo, legislativo- que corresponden a la estructura -individual, particular, universal- de la Idea (Concepto) de la Razón. Recordemos que conjunto de las instituciones históricamente desarrolladas de un Volk, mientras que subjetivamente es el conjunto de sus sentimientos éticos y políticos [Sitte]. Lo más importante: el Staat es racional por su forma, ¡no por sus efectos útiles! "el mejor Estado es aquel en que reina mayor Libertad." El Estado racional en cuanto tal es aquel -dirá Hegel- “que supera la oposición abstracta entre Pueblo y Gobierno”, en el cual la Moral está separada de lo jurídico (tal como lo reclama el joven Engels en sus polémicas contra la censura),[19] es la encarnación de la Libertad racional. La Libertad racional es la que se realiza de manera concreta en el terreno de la subjetividad, toda la vida pública se conforma según la Razón. Y es en la Constitución donde debe establecerse las condiciones del desarrollo del Estado racional, que es un Estado político en sí. Engels aplicará ese concepto constitucional racional de Hegel en su ensayo sobre Arndt de 1841, donde además utiliza críticamente la abstracción como negación y el concepto crítico de Historia filosófica (Weltsgeschichte) de Hegel.[20]

  En las Vorlesungen… de 1830, no por casualidad editadas por el hegeliano de izquierda Gans, el Estado se encuentra definido como el material en que se verifica (¡o no!) el fin de la Razón, mientras su medios son las subjetividades que persiguen de manera miope sus estrechos fines particulares. El Estado posee esferas, en las que el Espíritu se diferencia al realizarse en la institución universal; Hegel contabiliza cuatro esenciales (Moralidad, Industria capitalista; Derecho privado y Ciencia de lo finito). Es decir: el joven Engels encuentra in nuce en Hegel con lo que en el futuro serán algunas de las superestructuras del Estado. Una de las esferas capitales del Staat hegeliano es la Industria, la base material que gira en torno al metabolismo e intercambio del ser humano con la Naturaleza en su forma burguesa, la producción de mercancías, en la cual, subraya Hegel, “la acumulación de riquezas puede llegar al infinito”. Estas esferas a su vez se dividen entre las distintas clases sociales, entre la cuales están repartidos todos los ciudadanos; Hegel incluso propone una escueta definición moderna de Klasse como “profesión del individuo”, una función que depende de las circunstancias. Las diferencias de clase “se manifiestan en las distintas esferas del Estado y en los negocios peculiares… Tal es el fundamento (Grund) de la diferencia de clases que se encuentra en los Estados organizados.”[21] Si existe una forma Estado, cualquiera, existen diferenciaciones de clases, “el Estado implica desigualdad” dirá Hegel, otra fórmula de gran futuro en Engels y en la teoría marxista de la extinción del Estado. No solo eso: la división del trabajo histórica es para Hegel, otra gran comprobación histórica que retomará Engels, es el origen de la Cultura. Recordemos que Hegel distingue el concepto de Estado (en tanto Poder sustancial) de las formas de ordenamiento político, que para él no son iguales. Junto con el Staat racional, Klasse también será incorporada y utilizada creativamente por el joven Engels en sus “Informes sobre Bremen” de 1841,[22] transfigurado en la tosca pero potencial categoría de “Aristocracia del dinero”, Geldaristokratie. Engels en 1841, en sus informes desde Bremen, después de utilizar el concepto de clase Geldaristokratie, afirma que “la Aristocracia se resiste al Estado racional (vernünftigen Staat)”, explicando la propia dinámica de la lucha de clases en el Senado de la ciudad, entre la nueva burguesía comercial e industrial y la vieja aristocracia financiera-mercantil. En 1840, en uno de sus informes desde Bremen,[23] señala las diferentes formas de organización de clase de los obreros franceses y los trabajadores bremenses. Pero Engels encontrará algo más en Hegel en cuanto a la forma republicana de Estado, ya Hegel afirmará escandalosamente en sus lecciones que “el concepto de Libertad, en su abstracción, exige la forma de República”, ya que teóricamente “es la única Constitución justa y verdadera.” Entendemos porqué el joven Engels ya no necesitará la retórica confusa republicana de Börne y la Joven Alemania. Ha llegado al punto de no retorno de entender que en Hegel no hay Historia sin Conciencia. Y la Necesidad solo puede ser superada después de haber sido reconocida.

  En un raro racconto de autointerpretación en 1851, Engels recuerda indirectamente estos años de hybris dialéctica; escribe que “después de la muerte de Hegel, su Escuela no se detuvo allí. El sector más avanzado de sus partidarios sometió a la prueba de una crítica rigurosa todas las creencias religiosas, y conmovió hasta los cimientos el edificio venerable del Cristianismo. Además, desarrolló concepciones políticas de una audacia todavía inconcebible para los alemanes, y procuró honrar el recuerdo de los héroes de la primera Gran Revolución francesa.”[24] Un excelente y fiel retrato del Engels joven-dialéctico.



NOTAS:

[1] Las mayorías de las biografías, incluidas las llamadas “intelectuales, de Mayer a Gemkow, de Stepanova a Carver, no llegan a captar los momentos de apropiación y transfert de Hegel en el joven Engels. Algunas pasan el período anterior a 1841 rápidamente y sin clarificar el tipo de asimilación y cómo reconfigura Engels las determinaciones y el método dialéctico.

[2] “Das junge Deutschland”: nombre de un movimiento literario de jóvenes poetas de mentalidad liberal durante el período Vormärz, que, inspirado por la Revolución de Julio en Francia, se dedicó al periodismo a partir de alrededor de 1830 y cuyos escritos fueron prohibidos en 1835, por decisión del entonces parlamento de los Príncipes de Alemania. El nombre “joven Alemania” apareció por primera vez en la obra de Heinrich Laube, pero se hizo popular a través de Ludolf Wienbarg, que introdujo sus Campañas Estéticas de 1834 con las palabras programáticas: “A ti, joven Alemania, dedico estos discursos, no a los viejos”. Se oponían a las políticas restauradoras y reaccionarias de Metternich y los príncipes de la Confederación Alemana. Defendieron las libertades democráticas, la justicia social y la superación de las ideas religiosas y morales anticuadas. Rechazaron el idealismo del clasicismo y el romanticismo como apolíticos y atrasados; la literatura no podía ser elitista, sino que debía llamar la atención sobre los agravios sociales y políticos. Se vieron a sí mismos como herederos y continuadores de la ilustración y se convirtieron en los pioneros literarios de la Revolución liberal-burguesa de 1848/49. En términos ideológicos, fueron influenciados por Hegel y por el socialismo utópico de Saint-Simon. En términos de política nacional, la mayoría de ellos esperaba la unidad de Alemania en forma de República y así la superación del Feudalismo.

[3] En: MEGA I/3, Karl Marx and Friedrich Engels. Gesamtausgabe. Berlin: de Gruyter, 1974, p. 863.

[4] En: Karl Marx-Friedrich Engels-Werke, Band 8, “Revolution und Konterrevolution in Deutschland”, pp. 15-16; Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1960; en español: “Revolución y contrarrevolución en Alemania”; en: C. Marx-F. Engels; Obras escogidas, I, Editorial Progreso, Moscú, 1974, pp. 316-317.

[5] Carl Ludwig Börne (1786-1837): filósofo, ensayista y periodista alemán, crítico de literatura y teatro; es considerado un pionero de la Crítica literaria en Alemania debido a su escritura incisiva e ingeniosa. En 1804 se matriculó en Berlín en Medicina, pero también asistió paralelamente a cursos filosóficos con Steffens y Schleiermacher. Después comenzó a estudiar Jurisprudencia para finalmente doctorarse en Filosofía en 1808, con un ensayo sobre el Dinero: Von dem Gelde. Militó en la Masonería alemana, perdió su fe judía y se convirtió al Protestantismo, cambiando su nombre de Juda Löw Baruch a (Carl) Ludwig Börne. Se estableció en París en 1830 y comenzó a escribir para el Allgemeine Zeitung, y fue considerado miembro destacado entre el movimiento de la “Joven Alemania”; sus Cartas desde París, escritas entre 1830 y 1833 en correspondencia con Jeanette Wohl, derivaban de la “Revolución de Julio” parisina, la necesidad de una revolución similar o más profunda en Alemania. En 1832 fue invitado al Festival liberal de Hambach como invitado de honor, además hizo duras críticas contra Goethe, Menzel y Heine (con quien inicialmente fue amigo). Intentó establecer una amistad franco-alemana. Börne fue muy importante y decisivo en la primera etapa de formación político-filosófica de Engels.

[6] En: op. cit., p. 16 y 317 respectivamente.

[7] “Karl Beck”; en: Engels antes de Marx. Escritos (1838-1843); El Viejo Topo, Barcelona, 2020, p. 79.

[8] “Signos retrógrados de los tiempos”; Engels antes de Marx. Escritos (1838-1843); El Viejo Topo, Barcelona, 2020, p. 86.

[9] Op. cit.: , p. 99.

[10] Op. cit.: p. 103.

[11] Op. cit.: p. 104.

[12] Engels confesará en 1839 que “Strauss me ha traído por el estricto camino del Hegelianismo.”

[13] Springer A. H.; Die hegelsche Geschichtsanschauung: eine historische Denkschrift, Fues Verlag, Tübingen, 1845, p. 6.

[14] Por ejemplo Pierre Leroux, muy admirado por la misma izquierda hegeliana, a quién el joven Marx calificará de “genial”.

[15] “Paisajes”; en: Engels antes de Marx. Escritos (1838-1843); El Viejo Topo, Barcelona, 2020, p. 149.

[16] “Vida literaria moderna”; op. cit., p. 111 y ss.

[17] “Ernst Noritz Arndt”; en: Engels antes de Marx. Escritos (1838-1843); El Viejo Topo, Barcelona, 2020, p. 220.

[18] “Informes desde Bremen”; en: op. cit., p. 175.

[19] “Sobre la crítica de las leyes de prensa prusianas”; en: Engels antes de Marx. Escritos (1838-1843); El Viejo Topo, Barcelona, 2020, p. 420.

[20] „Ernste Moritz Arndt“; op.cit.; p. 210.

[21] Hegel, Georg Wilhelm Friedrich: Vorlesungen über die Philosophie der Weltgeschichte: Die Vernunft in der Geschichte, Band I: Die Vernunft in der Geschichte; Meiner Verlag, Hamburg, 1994, pp. 118-119.

[22] “Informes desde Bremen”; en: op. cit., p. 165. Muchos biógrafos de Engels remarcan el carácter decisivo en su desarrollo intelectual y político de su estancia en Bremen, por ejemplo Gemkow o Mayer.

[23] “Reportes de Bremen”; en: Engels antes de Marx. Escritos (1838-1843); El Viejo Topo, Barcelona, 2020, p. 206.

[24] Engels, Friedrich: “Revolution und Konterrevolution in Deutschland“; en: Karl Marx, Friedrich Engels; Werke, Band 8, August 1851 bis März 1853, Dietz, Berlin, 2009, p. 108.

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domingo, octubre 16, 2011

"Un Marx desconocido: la Deutsche Ideologie" (II)


por Nicolás González Varela


“El Comunismo es… el Sistema de la Comunidad (Gemeinschaftssystem)”

(Engels, 1845)

“El Comunismo no es un estado que debe implantarse,

un ideal al que haya que sujetarse la realidad.

Nosotros llamamos Comunismo

al Movimiento real (wirkliche Bewegung)

que anula y supera el estado de cosas actual”

(Engels&Marx, Die deutsche Ideologie, 1845-1846)


“Comunistas alemanes se reúnen cada domingo ante la Barriere du Trône,

en la sala de un tabernero… normalmente 30, muchas veces 100 0 200.

Tienen alquilada la sala. Allí pronuncian discursos

en los cuales se predica abiertamente la muerte del rey,

la abolición de todos los bienes, la eliminación de los ricos, etc. En resumen: la más horrenda e inaudita locura. Le escribo a toda prisa,

con el fin de que esos Karl Marx, Moritz Hess…

no continúen arrojando a la gente joven a la desgracia”

(Informe de la Policía Secreta prusiana

en Bruselas, febrero de 1845)


Recordaba el viejo Engels en 1885 que “cuando en la primavera de 1845 de nuevo volvimos a encontrarnos, esta vez en Bruselas, Marx había avanzado ya hacía los principales aspectos de su teoría materialista de la Historia (materialistische Geschichtstheorie). Nos propusimos entonces la tarea de elaborar la teoría recién lograda en las más variadas direcciones… Ahora, el Comunismo ya no consistía en exprimir de la fantasía un ideal de la sociedad lo más perfecto posible, sino en comprender el carácter, las condiciones y, como consecuencia de ello, los objetivos generales de la lucha librada por el Proletariado… Nuestra intención no era, ni mucho menos, comunicar exclusivamente al mundo ‘erudito’, en gordos volúmenes, los resultados científicos descubiertos por nosotros. Nada de eso. Los dos estábamos ya metidos de lleno en el movimiento político, teníamos algunos partidarios entre el mundo culto, sobre todo en el occidente de Alemania, y grandes contactos con el proletariado organizado. Estábamos obligados a razonar científicamente nuestros puntos de vista, pero considerábamos igualmente importante para nosotros el ganar al proletariado europeo, empezando por el alemán, para nuestra doctrina.”[1] ¿Cuál fue el producto de este trabajo de urbanización que debía expandirse, como afirma Engels, en múltiples Richtungen, en variadas direcciones? Un enorme manuscrito inédito titulado Die deutsche Ideologie, obra que Marx y Engels comienzan a escribir casi inmediatamente a su desembarco forzado en Bruselas, abril de 1845, y es la evolución-superación lógica tanto de los famosos Manuscritos económicos-filosóficos de 1844 como de La Sagrada Familia, escrita por ambos entre 1844-1845. La obra se transformó no solo en un ajuste de cuentas con varias tendencias filosóficas y políticas de la Alemania de la época, sino en el acta de nacimiento del propio Marxismo ya consolidado a través de un trabajo de zapa negativo, de oposición (Marx le llama den Gegensatz unserer Ansicht gegen die ideologische der deutschen Philosophie gemeinschaftlich auszuarbeiten) y lucha política-ideológica. Si consideramos la obra en cuanto al número de folios, se trata de una larga crítica al anarquismo individualista de Max Stirner (dit Johann Caspar Schmidt)[2] y a los escritos del filósofo Junghegelianer Bruno Bauer de 1844-1845 (antiguo padrino académico y maestro de Marx en su etapa liberal).[3] Es también un momento decisivo en una escalada en la lucha ideológica tanto contra el radicalismo liberal, el republicanismo burgués y la izquierda hegeliana. La dura polémica había sido iniciada por Bruno Bauer atacando al Comunismo y al filósofo Ludwig Feuerbach en dos artículos furibundos a lo largo de 1844: “Was ist jetzt Gegenstand der Kritik?”[4], “Die Gattung und die Masse”[5] y en un libro publicado en 1843: Die Judenfrage.[6] Engels y Marx le replicaron, todavía como comunistas-feuerbachianos, en Die heilige Familie y en artículos publicados en el Deutsch-Französische Jahrbücher[7]; Bauer contrarreplicó, atacando ahora tanto al particularismo egoísta de Stirner como a Feuerbach (y por elevación al Comunismo) en el artículo “Charakteristik Ludwig Feuerbachs”,[8] que a su vez fue acompañado por el ataque en forma de libro de Stirner, ya no sólo contra Feuerbach y el Comunismo, sino implícitamente con la posición filosófico-política de Engels y Marx reflejada en Die heilige Familie; finalmente como punto final a este rizo de lucha ideológica, Engels y Marx componen su crítica amplia y definitiva precisamente en Die deutsche Ideologie. ¿Por qué en especial Bruno Bauer y Max Stirner? El propio Engels, escribiendo con pseudónimo y en tercera persona, señalaba en un artículo de 1845 que “se ha declarado la guerra a los filósofos alemanes que se niegan a sacar consecuencias prácticas de sus teorías puras y afirman que el Hombre no tiene otra cosa que hacer que cavilar acerca de problemas metafísicos. Los señores Marx y Engels han publicado una detallada refutación de los principios sostenidos por B. Bauer y los señores Hess y Bürgers se disponen a refutar la teoría de M. Stirner. Bauer y Stirner son los representantes de las últimas consecuencias a que lleva la filosofía alemana abstracta (abstrakten) y, por tanto, los únicos adversarios filosóficos importantes del Socialismo, o, por mejor decir, del Comunismo, ya que aquí la palabra Socialismo engloba las distintas ideas confusas, vagas e indefinibles de quienes comprenden que hay que hacer algo, pero sin decidirse a abrazar sin reservas el Sistema de la Comunidad (Gemeinschaftssystem).”[9] El Kommunismus es aquí definido, de manera notable, como un sistema social basado en la idea de comunidad humana.

El Socialismo Verdadero: El esfuerzo de Engels y Marx por combatir a través de la Kritik esta tendencia no parece ni exagerado, ni barroco, como sostienen muchos marxólogos. El pronóstico filosófico-político engelsiano era certero: la tendencia híbrida del socialismo verdadero, del wahre Sozialismus, tuvo una inesperada popularidad entre la clase media y la aristocracia obrera de diferentes regiones de Alemania, expandiéndose y formando varios grupos activos (los más numerosos en Westfalia, Sajonia y Berlín). Engels decidió examinar críticamente a los diferentes socialismos regionales basados en las confusas teorías de los jóvenes hegelianos y en el anarquismo de Stirner en una fecha tan tardía como 1847, escribiendo un manuscrito titulado “Die wahren Sozialisten” (“Los socialistas verdaderos”)[10], posiblemente un capítulo para completar la Die deutsche Ideologie en una segunda parte, que quedó inconclusa. La importancia que le otorgaban era de tal magnitud que, como sabemos, en el mismo Manifiesto Comunista, publicado en 1848, todavía le dedican un amplio espacio al combate contra esta corriente teórico-práctica, dentro del capítulo III, apartado de los “Socialismos Reaccionarios”, tendencia que es definida así: “Los literatos alemanes procedieron con la literatura francesa profana de un modo inverso. Lo que hicieron fue empalmar sus absurdos filosóficos a los originales franceses. Y así, donde el original desarrollaba la crítica del Dinero, ellos pusieron: “expropiación del Ser Humano”; donde se criticaba el Estado burgués: “abolición del Imperio de lo general abstracto”, y así por el estilo. Esta interpelación de locuciones y galimatías filosóficos en las doctrinas francesas, fue bautizada con los nombres de “filosofía del hecho”, “verdadero Socialismo”, “ciencia alemana del socialismo”, “fundamentación filosófica del Socialismo”, y otros semejantes.”[11] ¿Qué representaba y qué era exactamente el Socialismo verdadero en 1840’s? El Engels tardío lo definía en 1885 con precisión: “el ‘verdadero Socialismo’ difundido por algunos literatos, (es la) traducción de la fraseología socialista francesa al mal alemán de Hegel y al amor dulzarrón…” Es muy útil analizar estos combates perdidos de Engels y Marx pues, como tendencia ideológica básica, han demostrado ser más permanentes que su política coyuntural, y hoy podemos considerar la lógica general de su argumento con relativa independencia de la situación histórica particular que la ha nutrido. Sobre las repercusiones histórico-políticas de una ideología basada en “traducción-de-fraseología” y separación entre retórica y práctica reaccionaria, que simplemente transfiere esquemas y visiones del mundo parciales, basta recordar aquí que el sino del Marx español. El Marxismo en España se desarrolló, desde 1879, precisamente bajo la nefasta influencia y deformación de un Marx descafeinado, en su peor versión francesa (bajo la forma literaria vulgar de Jules Guesde, Gabriel Deville, Paul Lafargue, mezcla híbrida de Malthus, Ricardo y Lassalle), ya que hasta la IIº República el conocimiento adecuado y de primera mano de la obra Engels y Marx será escolar, deficiente o inexistente.[12] La difusión de la obra de Marx y Engels en España, en una escala y calidad importante, se da al finalizar la dictadura de Primo de Rivera. Antes de los años 1930’s hay que hablar de una muy escasa penetración. Recién partir de una fecha tan tardía para un país europeo como 1931 es cuando puede verse la difusión de un Marx verdadero, y cuando las traducciones y ediciones experimentan “un salto espectacular”, un paréntesis muy corto interrumpido por el estallido de la Guerra Civil y la instauración de la dictadura de Franco en 1939.[13] La primera edición parcial al español de Die deutsche Ideologie fue impresa en México, es de 1938 y lleva el título de Ideología Alemana.[14] En su prólogo el traductor, que usa el pseudónimo “Argos”, luego de señalar que es una traducción directa “larga y fatigosa” del alemán, diferenciándose precisamente del mutilado Marx en sus versiones francesas que inundaban mecánicamente al Socialismo hispano, afirma que: “’Feuerbach’ constituye el primer fragmento de la Ideología Alemana, obra de polémica y exposición doctrinaria, escrita conjuntamente por Marx y Engels, en Bruselas, de 1845 a 1846. Esta obra no llega a publicarse en vida de sus autores. Aparece por primera vez en 1932, en la edición de sus obras completas, publicada bajo los auspicios del Instituto Marx-Engels-Lenin, de Moscú. Forma el tomo V de dicha edición.” Es sintomático que el anónimo (y esforzado) traductor subrayara una y otra vez que su Marx estaba directamente volcado del alemán… lo que evitaba la contaminación ideológica del transfert francés. La lucha contra las formas diversas históricamente del wahre Sozialism no es simplemente un dato arqueológico ni de corrección filológica, sino una tarea pendiente y actual, y es en este contexto que toma importancia para nuestra posteridad una obra como Die deutsche Ideologie (DI). El desacuerdo básico en 1845 era contra una tendencia política que sostenía una estrategia ultrarrevolucionaria, aplicando a la coyuntura una táctica sectaria y reaccionaria, o sea: una teoría abstracta intransigente, deducida de trasplantar mecánicamente textos importados y generados en otra coyuntura social, pero que se traducía en una praxis reaccionaria. El resultado no podía ser más nefasto: unas precarias ideas teóricas ya desfasadas de su fase histórica material concreta, que generaban desviaciones prácticas como resultado lógico.

Si existía una sensible carencia en el desarrollo intelectual de Marx ésta era la ausencia de un editor confiable en casi todas las etapas de su vida. Las tratativas editoriales sobre la publicación de DI las llevaba el camarada Joseph Weydemeyer, ya que las editoriales de la izquierda hegeliana se negaban a publicar una crítica tan radical a tres grandes luminarias de los Junghegelianer, como Bruno Bauer, Ludwig Feuerbach y Max Stirner. Había convencido en Westfalia a dos simpatizantes comunistas ricos, Julius Meyer y un tal Rempel, dispuestos a adelantar el dinero necesario para una casa editorial. Tenían el plan de invertir el capital en la infraestructura mínima y la edición inmediata de tres obras: la Die deutsche Ideologie, la biblioteca de autores socialistas pensada por Engels y Marx y una revista político-filosófica trimestral bajo la dirección de Engels, Hess y Marx. Al llegar la hora de desembolsar, los dos capitalistas se retiraron, surgiendo dificultades económicas y financieras que, en irónicas palabras de Mehring, “vinieron a paralizar en el instante preciso su espíritu de sacrificio comunista.”[15] Weydemeyer siguió ofreciendo la DI a diferentes editores en toda Alemania, que la fueron rechazando. Solo quedaba para el manuscrito la voracidad de los ratones y el injusto olvido.

El primer borrador de la Die deutsche Ideologie (DI) fue escrito de puño y letra por Engels, y luego revisado y modificado tanto por Marx como por Engels, por lo que la pertenencia a un autor determinado es ya complicada. El folio en formato alemán (Bogen) fue dividido en dos columnas, texto básico en la izquierda y correccionas&adiciones en la derecha, con la famosa e ilegible letra manuscrita de Marx bien visible. Según algunos biógrafos de Engels, “mucho más de la mitad del manuscrito que ha llegado hasta nosotros, una parte como borrador y otra puesta a limpio, aparece escrita de puño y letra de Engels, con correcciones e intercalaciones de Marx… Sin embargo, los manuscritos por sí solos, la mano que los escribió, no ayudan, en este caso, a identificar la paternidad de las distintas partes de la obra. Como la letra de Marx era verdaderamente ilegible y la de Engels, en cambio, muy clara, muchas veces éste no se limitaba a sacar en limpio las partes ya redactadas, sino que tomaba también la pluma para registrar sobre el papel, en una primera versión, las ideas previamente discutidas. Y no cabe duda de que, siendo él el más suelto y expeditivo de los dos, se encargaría de redactar por sí y ante sí, para ganar tiempo, tal o cual capítulo de la obra.”[16] Mehring, el biógrafo de Marx conocido como el “Lenin alemán”, señalaba en 1918 que la DI merecía el olvido ya que “si ya su polémica de fondo, ya un acaso demasiado a fondo, con los hermanos Bauer (La Sagrada Familia de 1844), era difícilmente digerible para el lector, estos dos nutridos volúmenes, de unos cincuenta pliegos en total, se les habrían hecho todavía de más difícil inteligencia. Años más tarde Engels había de decir, cogiéndose a la memoria, que solamente la crítica dedicada a Stirner abarcaba, por lo menos, tanto espacio como el libro del propio autor criticado, y los fragmentos que luego se publicaron prueban que la memoria no lo engañaba. Trátase… de una prolija superpolémica, y aunque no falte algún que otro oasis en el desierto, el follaje no abunda. Allí donde aparece la agudeza dialéctica de los autores, es para degenerar en seguida en minucias y alardes pedantescos, a veces bastantes mezquinos.” Ya podemos ver, en la misma hagiografía del movimiento, la tendencia a construir un Marx irreal, la tendencia instintiva de erigir un Marxismo unitario, cerrado y canónico, cuyos textos serán desmembrados y adaptados a las exigencias del momento, ya sea a la razón de partido o arcano de estado. El caso se agravaba porque este common sense venía en apariencia legitimado por el veredicto de autoridad del propio Engels. La autoridad razonada del “Socialismo Científico” era invocada para fortalecer las demandas espontáneas de justicia social de los trabajadores de Alemania y Europa. Lo menos importante era conocer y entender a Marx.

La vulgata marxista ¿problemas editoriales-políticos o políticos editoriales?: la DI tuvo un azaroso derrotero editorial, tortuoso camino en su difusión y recepción, como premonitoriamente había anticipado el filósofo Antonio Labriola a fines del siglo XIX: “muchos de los fogosos renovadores del Mundo… se proclamaron seguidores de las teorías marxistas, tomando por bueno el Marxismo más o menos inventado por los adversarios.” La obra de Marx, incompleta y aún por conocer, sufrió, a partir precisamente de la muerte de Marx (1883), un violento proceso de falsa sistematización y vulgarización. Un fórceps teórico-ideológico por las crecientes urgencias del crecimiento de un movimiento sindical y político maduro en la propia Alemania. El centro de esta irradiación ideológica era sin lugar a dudas el SPD, el partido-guía alemán, incluso para el mismo Lenin hasta 1908, que aparentemente guardaba con celoso espíritu el núcleo marxista de sus fundadores. Como rezaba un motto de la época, el Sozialdemokratische Partei Deutschlands era considerado en todo Occidente como “la joya de la organización del proletariado consciente”.[17] Había razones plenamente materialistas además del idioma para esta hegemonía: en primer lugar el SPD era el albacea testamentario de las obras publicadas y del valioso Nachlass inédito de Engels y Marx (salvo textos menores y correspondencia marginal); el acuerdo testamentario de Engels de sus libros, cartas y manuscritos propios y de Marx es del 29 de junio de 1893 a favor de los presidentes del partido, August Bebel y Paul Singer. En segundo lugar desde 1897 el SPD era co-propietario de la editorial Dietz (editora de los pocos textos publicados hasta entonces de Engels y Marx) y a partir de 1906 asume íntegramente la propiedad de la misma, teniendo monopolio absoluto y control dictatorial en cuanto al acceso como a la difusión de la obra marxiana. El SPD de esta manera controlaba toda la línea de producción, desde las fuentes primarias, la selección y edición, hasta la distribución de lo que se podía o no conocer de Marx, base indispensable para la consolidación del llamado “Kautskismo”. Es lógico definir esta versión de Marx, que nos ha llegado intacta hasta nuestros días, como “Marxismo de la Segunda Internacional” o incluso algunos le llaman directamente Kautskismus, por derivación de Karl Kautsky, el Papa ideológico del socialismo europeo entre 1890 y 1933.[18] Fue Kautsky quién creó el primer órgano del Marxismo teórico, la revista Neue Zeit, en 1883. Según el hijo de Kautsky, Benedikt, Engels había logrado con los fragmentos sueltos que dejó Marx comenzar la construcción de un sólido y unitario edificio teórico, y su padre habría logrado, después de la muerte de Engels en 1895, “hacer un Sistema orgánico que en verdad representaba por primera vez al Marxismo.”[19] Fue entonces, por primera vez, cuando de modo decidido, violento e ideológico algunos marxistas negaron a otros marxistas su calidad de ser, y viceversa; aparecieron adjetivos y calificaciones caricaturescas al lado del término “Marxismo” (entrecomillado). Teniendo como línea de demarcación y centro de oscilación ideológica este “Sistema orgánico” apadrinado por Engels y formalizado por Kautsky, se podría ser pseudomarxista, marxista de palabra, marxista ortodoxo, exmarxista, o lo peor, renegado (de derecha o de izquierda). Escolásticamente se debatía (positiva o negativamente) sobre un Marx irreal e incompleto, el Marx precisamente fijado como “Sistema orgánico” en el Kautskismus, en el cual el conocimiento adecuado, la interpretación adecuada de su compleja obra, era lo de menos. Marx se metamorfosea en una teoría post festum, una enciclopedia de datos con una concepción evolucionista y tecnocrática de la Historia: es funcional al autoconservación y legitimación de organizaciones burocráticas obreras y populares. No nos extrañe el bajo conocimiento de la obra de Marx entre sus militantes y cuadros dirigentes.[20] La expresión práctica de este Marxismo “desnaturalizado” quedó plasmado en el mítico programa de Erfurt, modelo para toda la Socialdemocracia europea durante los próximos cincuenta años.[21]

¿Se conocía en realidad bien la obra de Marx, incluida La Ideología Alemana, después de su muerte? A la muerte de Marx, Engels se transformará en su primer editor, enfrentándose con este gigantesco filón de manuscritos codificados en la minúscula letra característica de su amigo y con cuidado trató de salir del problema, preparando la edición de los tomos restantes de El Capital. Una de las razones que esgrimía Engels para no trasladarse a Alemania, tal como se lo pedían desde el recién creado SPD, era su deseo de completar el trabajo de edición del Nachlass de Marx que se encontraba en Londres. Como una especie de Theofrasto moderno, Engels, con 62 años, se ocupó del desciframiento y edición de los manuscritos de su compañero, temiendo no concluir con esa misión, pues, como le confesara a Lavrov por carta: “…soy el único ser viviente que puede descifrar esa escritura y esas frases abreviadas…”[22] Es curioso que Engels, incluso con Marx en vida, había vislumbrado su papel de editor póstumo, ya sea por las limitaciones del propio Marx, ya por conocer el ritmo del trabajo de su amigo; recién fallecido Marx, Engels confesaba a Sorge que era mejor que se lo hubiera llevado la muerte, ya que: “…vivir teniendo ante él numerosos trabajos inacabados, devorado por el ansia de acabarlos y la imposibilidad de conseguirlo —esto le hubiera sido mil veces más doloroso que la dulce muerte que se lo ha llevado.”[23] Al morir Marx surgió inmediatamente la idea de unas obras completas, que incluyeran todos sus trabajos juveniles, a pesar del desdén oficial del SPD y sus ideólogos. En un año tan temprano como 1883, la socialdemocracia rusa reunida en el Congreso de Copenhague realizó un llamado al SPD alemán para iniciar una edición popular exhaustiva.[24] Un año más tarde, abril de 1884, el propio Engels le comenta la misma necesidad a Rudolf Mayer, hablando de una edición lo más completa posible de los ensayos dispersos de Karl Marx: “…Gesamtausgabe von Marxens zerstreuten Aufsätzen…”.[25] En mayo de 1885 es Hermann Schülter, responsable del diario socialdemócrata suizo Sozialdemokrat, quién le propone a Engels un plan de editar un tomo de compilación de escritos inéditos de Marx, que incluyera los de juventud, dentro de una futura serie titulada “Sozialdemokratische Bibliothek”.[26] Otro visitante ruso en Londres, Voden, precisamente del grupo de Plejanov, que presionaba para editar todas las “viejas cosas” de Marx, le invitó Engels a ver los manuscritos con una gran lupa. Voden leyó el capítulo de la Die deutsche Ideologie, “Sankt Max” (el Anti-Stirner)[27], una versión más extensa de la Kritik a la filosofía del derecho hegeliana y otras partes de la Die deutsche Ideologie (las partes contra Bruno Bauer), y comprobó horrorizado lo difícil que era “descifrar los originales de Marx, cuya caligrafía me hicieron comprender la desesperación de sus profesores en la época de Tréveris”. Al mismo Voden le explicó su dilema el viejo General: “¿debería emplear el resto de su vida en publicar viejos manuscritos del trabajo publicista de los años 1840’s, o bien debería (después de haber publicado el tercer tomo de Das Kapital) editar los manuscritos de Marx sobre la historia de las teorías de la plusvalía?”[28] En ese mismo encuentro Voden descubrió cierta aprensión de Engels hacia el Nachlass juvenil de Marx, incluida la Die deutsche Ideologie: “Nuestra siguiente charla giró en torno a los primeros escritos de Marx y Engels. Al principio, Engels pareció algo turbado de que yo mostrara mi interés por ellos… Engels preguntó cuáles eran los primeros escritos que le interesaban a Plejánov y sus seguidores y cuál era la razón de su interés. En su opinión tendría que ser suficiente el fragmento sobre Feuerbach, que él consideraba el más sustancioso de aquellas ‘viejas cosas’… Aproveché para volver sobre los primeros escritos de Marx, rogando a Engels que por lo menos arrancara los más importantes de un olvido inmerecido. Afirmé que las ‘Tesis sobre Feuerbach’ no eran suficientes. Engels contestó que para poder penetrar en aquellas ‘viejas historias’ era imprescindible estudiar al propio Hegel, cosa que hoy en día ya no era asunto de cualquier persona.” Pareciera que Engels o bien no tuviera tiempo para publicar todo el Marx disponible y desconocido o bien considerara al Nachlass, en el contexto del espectacular crecimiento electoral del SPD, de poca significancia práctica y limitado alcance ideológico. Sostenía que aunque su contenido tuviera algún interés, su estilo semihegeliano, que ambos utilizaban en ese período, hacia esos textos intraducibles y, aparte, al estar escritos en alemán y con connotaciones culturales precisas, “habían perdido gran parte de su significado”.[29] Engels, por ejemplo, se resistió a una traducción francesa del trabajo Kritik: Einleitung de 1857, y lo mismo con la edición de la correspondencia, el Briefwechsel von 1853, cuyo lenguaje calificaba como de “incomprensible” para el lector medio.[30]

Engels falleció en 1895, dejando su misión inconclusa, que él mismo calificó irónicamente como de “mera selección” entre las diferentes versiones y diferentes redacciones trabajadas por Marx, sirviéndole de base siempre la última redacción disponible cronológicamente y cotejándolas con todas las anteriores. Es evidente que salvo raras y fortuitas excepciones (como el caso del capítulo “I. Feuerbach” de la Die deutsche Ideologie), Engels privilegió, casi exclusivamente, el trabajo editorial y de popularización en torno a la obra de crítica de la economía política y Das Kapital. Sabemos que esta obsesión engelsiana se debía al intento de realizar una obra orgánica y en lo posible, completa y sin fisuras, que pudiera enfrentarse la serie de críticas que surgían desde círculos burgueses, economistas neoclásicos y la academia. De esta manera finalizó la primera operación editorial sobre los manuscritos de Marx, realizada por aquel que siempre se consideró el “segundo violín”. Fue durante este trabajo de edición que polémicamente se constituyó el Marxismo como doctrina, lo que podría dar una hipótesis plausible de hasta qué punto y en qué medida tales presiones “políticas” externas influyeron sobre el propio trabajo editorial de Engels.[31] El único fragmento juvenil de Marx que Engels dio a luz de la Die deutsche Ideologie fue “I. Feuerbach”,[32] que ahora sabemos fue cuidadosamente “editado” cuando apareció en 1888 como apéndice la edición en forma de libro de su artículo “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”.[33] El Engels tardío se encuentra en medio de una situación histórica inédita, que le exige nuevas tareas dentro de su trabajo ya no de difusión, sino de polémica “defensa” del legado de Marx.

Imagen: Página escrita por Marx con caricaturas de Engels del capítulo “Feuerbach”, de Die deutsche Ideologie, 1845, descubierta en el IISG en los años 1960’s.


[1] Engels, Friedrich; “Zur Geschichte des Bundes der Kommunisten”, en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 2, (Karl) Dietz Verlag, Berlin-DDR, 1971, p. 212 (pp. 206-224); en español: “Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas», en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich, Obras escogidas, vol. III, Editorial Progreso, Moscú, 1974, p. 184-202.

[2] La mejor biografía sobre Stirner sigue siendo la de un admirador, el poeta anarquista escocés John Henry Mackay: Max Stirner: His Life and His Work, e.a., Berlin, 1897. Más actual: David Leopold Stirner: ‘The State and I’ Max Stirner’s Anarchism”, en: The New Hegelians. Politics and Philosophy in the Hegelian School; Edited by Douglas Moggach, Cambridge University Press, Cambridge, 2006, p. 176 y ss. Stirner no solo es considerado como uno de los más grandes teóricos del anarquismo individualista, sino además un antecesor fundamental del egoísmo nihilista de Nietzsche; existe una gran polémica sobre la influencia oculta o vergonzosa de sus ideas en la obra nietzscheana desde fines del siglo XIX; véase un clásico: Levy, Albert; Stirner et Nietzsche, Societé Nouvelle de Librairie et d'Édition, Paris, 1904; más actual: Brobjer, Thomas, H.; “Philologica: A Possible Solution to the Stirner-Nietzsche Question”; en: Journal of Nietzsche Studies 25 (1), 2003, pp. 109-114. La mayoría de las compilaciones de textos anarquistas incluyen extractos de Der Einzige und sein Eigentum, como por ejemplo la de Irving L. Horowitz, ed., The Anarchists, Dell, New York, 1964; o la de George Woodcock, ed., The Anarchist Reader, Harvester Press, Hassocks, 1977.

[3] Sobre Bruno Bauer, véase el reciente libro de Douglas Moggach; The philosophy and Politics of Bruno Bauer; Cambridge University Press; New York, 2003; sobre las relaciones Bauer-joven Marx, nos permitimos remitir al lector a nuestro artículo: “Marx, lector anómalo de Spinoza. (IV)”, on-line en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=106904

[4] Bauer, Bruno; “Was ist jetzt Gegenstand der Kritik?”; en: Allgemeine Literaturzeitung, Monatsschrift, hg. v. Bruno Bauer, Verlag v. Eckbert Bauer, Charlottenburg, Juni 1844 (Nr. 8) pp. 18-26, ahora re-impreso como: Bauer, Bruno; Feldzüge der reinen Kritik, Nachwort von Hans-Martin Sass, Frankfurt/M, Suhrkamp Verlag, 1968, pp. 200-212.

[5] Bauer, Bruno; “Die Gattung und die Masse”; en: Allgemeine Literaturzeitung, Monatsschrift, hg. v. Bruno Bauer, Verlag v. Eckbert Bauer, Charlottenburg, September 1844 (Nr. 10); pp. 42-44; ahora re-impreso como: Bauer, Bruno; Feldzüge der reinen Kritik, Nachwort von Hans-Martin Sass, Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main 1968, pp. 213-223.

[6] Bauer, Bruno; Die Judenfrage, Friedrich Otto Verlag, Braunschweig, 1843.

[7] En especial a través de otro texto seminal de Marx, poco conocido e interpretado, hablamos de “Zur Judenfrage”, publicado en: Deutsch Französische Jahrbücher, 1. Doppellieferung, Februar 1844; ahora en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 1, (Karl) Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1976, pp. 347-377. En español: Marx, Karl; “Sobre la Cuestión Judía”, en: Escritos de Juventud, FCE, México, 1982, p. 461-490.

[8] Bauer, Bruno; Charakteristik Ludwig Feuerbachs”, en: Wigands Vierteljahrschrift III, 1845, pp. 86–146.

[9] Engels, Friedrich; “Rapid Progress of Communism in Germany. III”, en: The New Moral World, Nº 46, 10, may, 1845; en alemán como: “Rascher Fortschritt des Kommunismus in Deutschland. III”, en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 2, (Karl) Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1976, pp.515-520; en español: Engels, Friedrich; Escritos de Juventud, FCE, México, 1981, pp. 254-258.

[10] Engels, Friedrich; “Die wahren Sozialisten”, escrito entre enero y abril de 1847; en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 4, (Karl) Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1976, pp. 248–290. Véase la carta de Engels a Marx del 15 de enero de 1847. Fue publicado por primera vez por David Riazanov en la edición MEGA (I) en 1932.

[11] Engels, Friedrich/ Marx, Karl; Manifest der Kommunistischen Partei, “c) Der deutsche oder ‘wahre’ Sozialismus”; en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 4, (Karl) Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1976, pp485-488; en español: Marx, Carlos/ Engels, Federico; Manifiesto del Partido Comunista, “El socialismo alemán o el socialismo ‘verdadero’” en: Marx, Carlos/ Engels, Federico; Obras Fundamentales. Los grandes fundamentos, (4), II, FCE, México, 1988, p. 299.

[12] El máximo nivel de Marxismo teórico de la época anterior a la Guerra Civil lo marca la obra del más destacado de los marxistas españoles, Joaquín Maurín. Sobre el tema de la difusión de Marx en España: Pedro Ribas Ribas; La introduccion del Marxismo en Espana (1869-1939). Ensayo bibliográfico, Ediciones de la Torre, Madrid, 1981; véase además: “Bibliografía hispánica de Marx (1869-1939)” y “Análisis de la difusión de Marx en España”, en: Anthropos. Marx en España, 100 años después, 33-34, extraord. 4, 1984, pp. 29-53 y 58-63 respectivamente. En realidad, podemos decir que todas las versiones de Marx que se popularizaron y reprodujeron en España tenían la mediación ideológica del Marx francés: “Para los socialistas españoles la ortodoxia está en el partido dirigido por Guesde y Lafargue… todas las nociones y teorías se leen en francés, en Guesde, en Lafargue, en Deville, y también en los maestros Marx y Engels, menos leídos y acaso más tarde.”, señala José Morato, en: El partido socialista obrero, Ayuso, Madrid, p. 78. No es casualidad que Perry Anderson hablara del enigma histórico español en el caso del conocimiento científico de Marx y en la generación de teóricos marxistas: “The Spanish case, however, remains an important historical enigma. Why did Spain never produce a Labriola or a Gramsci?...”; en: Considerations on Western Marxism, London, 1976, p. 28, note 4; en español: Consideraciones sobre el Marxismo Occidental; Siglo XXI, México, p. 40, nota 4. El diario teórico del PSOE, El Socialista, el mayor vehículo de difusión hasta bien entrado los años 1920’s del Marxismo en español, traducía sistemática y mecánicamente los artículos de fondo del guesdista Le Socialiste o de L’Egalité; veáse: Santiago Castillo, “De El Socialista a El Capital (Las publicaciones socialistas, 1886-1900)”, en: Negaciones 5, 1978, p. 42 y ss.

[13] Como lo señala Pedro Ribas, ibidem, p. 332 y ss. A una conclusión semejante llega E. Lamo de Espinosa: “Lo primero que nos llama la atención es que, a pesar de lo temprano que se introdujo el Marxismo en España -suele señalarse la fecha de 1871, años en que Lafargue llegó a España-, no puede hablarse de tradición teórica marxista y toda la producción intelectual en este sentido es relativamente pobre.”, en: Filosofía y política en Julián Besteiro, Editorial Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1973, p. 182 y ss.

[14] Marx, Carlos/ Engels, Federico; Ideología Alemana; Traducción de Argos, Ediciones Vita Nuova, México, 1938.

[15] Mehring, E., Franz; ibidem, p. 133-134.

[16] Mayer, Gustav; Friedrich Engels. Una biografía, FCE, México, 1978, p. 227. La obra es original de 1919. Sobre la figura del historiador y militante socialdemócrata Mayer, véase: Gustav Mayer: als deutsch-jüdischer Historiker in Krieg und Revolution, 1914-1920. Tagebücher, Aufzeichnungen, Briefe; Hrg. Gottfried Niedhart, Oldenbourg Wissenschaftsverlag, München, 2009.

[17] Véase el bello trabajo de Georges Haupt: “El partido-guía: la irradiación de la Socialdemocracia alemana en el Sudeste europeo”, en: El historiador y el movimiento social, Siglo XXI, Madrid, 1986, p. 103-145; también los trabajos de Eric J. Hobsbawm: “La difusión del Marxismo (1890-1905)”, en: Marxismo e Historia Social, Universidad Autónoma de Puebla, México, 1983, pp. 101-128 y “Las vicisitudes de las ediciones de Marx y Engels”; en: Historia del Marxismo. El Marxismo en los tiempos de Marx (2); Bruguera, Barcelona, 1979, pp. 298 y ss.; y la colaboración de Franco Andreucci: “La difusión y vulgarización del Marxismo”, en: AA. VV.; Historia del Marxismo. El Marxismo en la época de la IIº Internacional (1); 3, Bruguera, Barcelona, 1980, pp. 13-88.

[18] Sobre el Kautskismo como ideología funcional a la táctica parlamentaria y basada en un bizarro “radicalismo pasivo”, véase: Matthias, Erich; “Kautsky y el Kautskismo. La función de la ideología en la Socialdemocracia alemana hasta la Primera Guerra Mundial”, en: Kautsky, Karl; La Revolución Social. El camino al Poder; Cuadernos de Pasado y Presente, México, 1978, pp. 7-50. Sobre la “integración negativa” y el mecanismo ideológico de Attentismus en la Socialdemocracia, el trabajo de Dieter Groh: Negative Integration und revolutioniirer Attentismus: Die deutsche Sozialdemokratie am Vorabend des Ersten Weltkriegs, Propylaen Verlag, Frankfurt/Main-Berlin-Wein, 1973; y el de Guenther Roth: The Social Democrats in Imperial Germany. A Study in Isolation and Negative Integration, Bedminster Press, Totowa: 1963.

[19] Advertencia preliminar en: Kautsky, Benedikt (Hrsg); “Ein Leben für den Sozialismus. Erinnerungen an Karl Kautsky; J.H.W. Dietz, Hannover, 1954, p. 8 y ss. Sobre el Marxismo como ideología segundointernacionalista, véase: Gustafsson, Bob; Marxismo y Revisionismo; Grijalbo, Barcelon, 1975.

[20] Según una propia estimación de 1905, apenas el 10% de los afiliados al SPD poseía algún conocimiento básico de los pensamientos de Engels o Marx; véase: Kosiol, Alexander; “Organisationen für die theoretische Bildung der Arbeiterklasse”; en: Die neue Zeit: Wochenschrift der deutschen Sozialdemokratie; 24. 1905-1906, 2. Bd., 1906, H. 28, pp. 64-69; ahora on-line: http://library.fes.de/cgi-bin/neuzeit.pl?id=07.05884&dok=1905-06b&f=190506b_0064&l=190506b_0069

[21] Sobre el contexto político e ideológico de la elaboración del programa de Erfurt, véase: Carl E. Schorske; German social democracy, 1905-1917: the development of the great schism, Harvard University Press, Harvard, 1955, p. 2 y ss.

[22] Carta de Engels a Lavrov, 5 de febrero de 1894.

[23] Carta a Sorge, 15 de marzo de 1883.

[24] No es casualidad que fuera firmada por el grupo “Emancipación del Trabajo”: Plejanov, Axelrod y Zasulich en marzo de 1883. Aquí los datos son del propio Rjazanov: “Vorwort zur Gesamtausgabe (MEGA)”, en: MEGA, Band 1, Frankfurt/ Main, 1927, p. IX-XXVII.

[25] Carta de Engels a Rudolf Mayer, 27 de abril, 1884.

[26] Schülter (1851-1919) le escribe a Engels solicitándole ayuda y apoyo, esas obras escogidas aparecerían dentro de un proyecto de difusión editorial más amplio, la “Sozialdemokratischen Bibliothek”. En esos momentos el General se encontraba trabajando en los manuscritos de Das Kapital. Engels colaborara con él en el libro sobre el movimiento obrero inglés: Die Chartistenbewegung in England. Mit Anlangen: a) Rede von Jos. Rayner Stephens, gehalten am. 10 Februar 1839 (…), b) Beschlüsse der Chartisten-Konferenz vom April 1851, Sozialdemokratische Bibliothek, 16, Hottingen-Zürich, 1887. La colaboración es analizada por: R. Merkel-Melis, “Engel’s Mitarbeiter an Hermann Schülters Broschüre ‘Die Chartistenbewegung in England’”, en: MEGA-Studien, 1995/1, Dietz Verlag, Berlin, 1995, p.p. 5-32. Sobre la difusion del Marxismo y la emigración alemana en Suiza, y especialmente el papel de Schülter: F. Schaaf, “Die ‘Sozialdemokratische Bibliothek’ der Schweizerischen Volksbuchhandlung in Hottingen-Zürich u. der German Cooperative Printing and Publishing Co. in London”, en: Marxismus und deutsche Arbeiterbewegung. Studien zur sozialistischen Bewegung im letzten Drittel des 19. Jahrhunderts, hrs.. von H. Bartel, H. Hesselbarth, W. Schöder, Dietz Verlag, Berlin, 1970, pp. 431-484.

[27] El capítulo III de Die deutsche Ideologie.

[28] Se trata del periodista alemán Alexis Voden, “Talks With Engels”, en: AA. VV.; Reminiscences of Marx and Engels, Foreign Languages Publishing House, Moscow, 1957, p, 325-333.

[29] Carta de Engels a FlorenceKelley-Wischnewetzky, del 25 de febrero, 1886, en: MEW, Band 36, (Karl) Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1976, p. 452. Aunque la afirmación de Engels se refiere a la re-edición de una obra específica, Die Lage der arbeitenden Klasse in England de 1844, esta idea la traslada a los escritos juveniles de Marx.

[30] Carta de Engels a la hija de Marx, Laura Lafargue, 14, octubre, 1893, en: MEW, Band 39, (Karl) Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1976, p. 146; y carta de Engels al líder del SPD, Wilhelm Liebknecht, 18, diciembre, 1890, MEW, Band 37, (Karl) Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1976, p. 527;

[31] Tal la pregunta que se hace Rubel, concluyendo que “Marxismo” es un término abusivo y que Engels a través de su trabajo de sistematización y divulgación es el primer “marxista”. “En la historia del Marxismo como culto de Marx, Engels ocupa el primer plano”, en: “La leyenda de Marx o Engels como fundador (1972)”, ahora en: Marx sin mito, Octaedro, Barcelona, 2003, p. 31. Véase el trabajo de Terrell Carver: Marx&Engels. The intellectual Relationship; Indiana University Press, Bloomington, 1983, en especial el capítulo 5, “Second Fiddle?”, p. 118 y ss., a la misma conclusión llega en un otro trabajo: “Engels was the first Marxist, and he had a defining influence on Marxism.”; en: Engels: A Very Short Introduction; Oxford University Press, Oxford, 2003, p. 38 y ss.

[32] Marx, Karl; “Thesen über Feuerbach”, en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 3, Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1969, p. 533 y ss..

[33] Engels, Friedrich: “Ludwig Feuerbach und der Ausgang der klassischen deutschen Philosophie”; en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 21, Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1975, pp. 263/264;

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