jueves, julio 13, 2006

No hay humo sin fuego. El "Affair Dreyfus"

El espía tiene la emoción mortal que sólo puede experimentar un jugador excitado, sentenciaba Balzac. Francia recordó de nuevo el famoso caso Dreyfus, uno de los episodios más relevantes del proceso de configuración de las sociedades burguesas modernas. El centenario del escándalo público más famoso permitió nuevas investigaciones y libros revisionistas. Se trata también de la imposición de la prensa periódica industrial de masas como Poder. El presidente Chirac rindió homenaje, celebró la victoria de los valores democráticos, convocando a ser "extremadamente vigilantes frente a las fuerzas oscuras". Chirac sabe de lo que habla: l’antidreyfusisme de l’extrême droite sigue vivo y muy activo. Ya en 1985 Mitterrand había comisionado una estatua de Dreyfus, Hommage au Capitaine Dreyfus, encargada por Jack Lang (ministro de cultura) al escultor Louis Mitelberg (Tim), que debía erigirse en el mismo patio de la École Militaire donde fue humillado públicamente. Pero el ejército se opuso, poniendo peros y excusas, por lo que el monumento estuvo tres años en depósito, otros seis en un rincón olvidado de los jardines de la Tuileries, para terminar en el Boulevard Raspail, en la orilla izquierda del Sena. Alfred Dreyfus, que procedía de una familia de judíos alsacianos, fue condenado a prisión de por vida por traición a la patria, tras verse acusado falsamente de ser un espía alemán en un proceso manipulado con una historia banal y absurda. La Francia de la IIIº República (fruto de una doble derrota: la militar y la de la Comuna proletaria) temblaba en su estabilidad por tres sucesivas crisis: la del boulangisme, la llamada "de Panamá" y el fantasma insurreccional del anarco-comunismo. Indiferencia por la cuestión social y una obsesión chauvinista por revanchismo contra Alemania por la derrota de 1870, era la ideología oficial de la coyuntura. Una inestabilidad política que fue cerrada por la dinámica del primer escándalo político-mediático de la modernidad. En 1894 una agente secreta francesa, Marie Bastian (empleada como sirvienta) "recupera" del portfolio del agregado militar en la Embajada de Paris, Conde Schwartzkoppen, una carta de un oficial francés de logística, sin firma, donde afirma enviarle información militar estratégica. En octubre Dreyfus comparece a una convocatoria para someterse a una inspección general de los oficiales en prácticas, en la sede del Ministerio de Guerra. Allí le espera el comandante Du Paty Clam oficial delegado de la Policía Judicial (antisemita recalcitrante) que le pide, con la excusa de que le duelen los dedos, que le escriba una carta que le dictará. El contenido esta basado en un documento descubierto en la embajada de Alemania por el Servicio de Información. Contiene importantes datos militares secretos que un desconocido, y traidor a Francia, ha enviado a Schwartzkoppen. Este documento será una pieza clave en el juicio entablado contra Dreyfus que recibe habitualmente el nombre de lista o Bordereau. Tras copiar el encabezado de la carta, se le dicta el contenido de la carta escrita por el espía, consistente en una lista de información militar. La escritura de Dreyfus, regular en sus inicios, parece más temblorosa, se ensancha. Du Paty de Clam, aficionado a la grafología, se convence de que Dreyfus se ha puesto nervioso con la lectura de lo que el oficial cree que es su traición, lo interrumpe de repente para decirle que está temblando. Dreyfus le responde que lo único que le pasa es que tiene frío pues en la calle hace una temperatura muy baja y aún no ha conseguido entrar en calor. Evidentemente no le creen, y más adelante el propio Du Paty afirmará que el tiempo era bueno y que Dreyfus mentía. El comandante le sigue dictando la lista, pero de repente se detiene y de una forma brusca le dice a Dreyfus: "Queda detenido en nombre de la ley. Se le acusa del delito de alta traición". El primer consejo de guerra se reúne el 19 de diciembre de 1894. El primer día, durante la lectura del auto de acusación, los miembros del jurado se muestran escépticos. Los cargos que se le imputan a Dreyfus resultan muy flojos. El tercer día interviene el experto en escrituras Bertillon, jefe del servicio de identidad judicial de la prefectura. Antisemita de primer orden, que ha elaborado un método al que ha llamado la antropología métrica, que permite, a través de los trazos de la letra identificar a los delincuentes, anarquistas y comunistas. Desarrolla su teoría de la autoforgerie: compara las escrituras del bordereau y del dictado, y concluye que Dreyfus ha imitado su propia letra queriendo desvirtuarla y tomando préstamos de otras escrituras de allegados suyos. Una argumentación que deja a los jueces absolutamente perplejos, hasta el punto de que el Presidente de la República acabó diciendo que el individuo estaba completamente loco. Al día siguiente de ser condenado a la deportación perpetua y a la degradación pública Dreyfus firma un recurso ante el consejo de revisión, que es rechazado. El 5 de enero de 1895 Dreyfus fue degradado en el Patio de Honor de l'Ecole Militaire à Paris (como lo muestran las ilustraciones de la época). Le arrancaron botones, las bandas de los pantalones, insignias de grado y partieron su sable. Unas 20.000 personas siguieron el acto en actitud febril. Tras ser deportado a la Isla del Diablo (Guyana Francesa), Mathieu, hermano del acusado, comienza a preparar su defensa y su rehabilitación. El comandante Picquart, nuevo jefe de la sección de estadística, y, en principio posicionado contra Dreyfus hace un descubrimiento: Le petit bleu o el pequeño azul, que consiste en un papel de telegrama color azul y que tiene que ser reconstruido porque había sido roto por los predecesores. El telegrama es de una importancia capital, es una copia no sellada en correos que, en realidad, es el primer duplicado de un texto final que sí fue enviado y que firmado por un tal "C" está dirigido al Comandante Esterhazy y en el que se le implica a este último como espía. Con posterioridad se consigue el indulto para Dreyfus y siete años más tarde, tras un largo proceso de revisión del juicio, en el cual Esterhazy declara desde Londres confesando finalmente su delito, y en el que el presidente de la Cámara penal confía a Darboux, a Appel y a Poincaré una pericia sobre la teoría de Bertillon, en la que concluyen que Bertillón encontró lo que iba buscando porque para ello realizó medidas falsas, construyó y manipuló las reproducciones, y eligió de forma totalmente parcial muestras. Dreyfus es declarado inocente y reintegrado al ejército con todos los honores. Concediéndosele incluso la Legión de Honor. Émile Zola, autor del famoso artículo J'accuse (Yo acuso), una carta al entonces presidente de la República, Félix Faure, publicado en la primera página del diario L'Aurore el 13 de enero de 1898, donde denunciaba "un crimen de lesa humanidad". Por ello, Zola fue condenado a un año de prisión.

El caso Dreyfus generó una auténtica batalla en la opinión pública, que trascendió incluso las fronteras de Francia. El proceso fue revisado varias veces y el condenado logró la amnistía en 1899 pese a no conseguir que se reconociera su inocencia. Pero ello no le impidió proseguir su combate judicial hasta que el Tribunal Supremo le restituyó sus honores militares el 12 de julio de 1906. En la ceremonia militar en la que se le reintegraba en el Ejército con grado de comandante Dreyfus gritó: "¡Viva la verdad, viva la República!". Poco después recibió la Legión de honor y aún tuvo tiempo de combatir en la Gran Guerra. Murió en 1935.
"La tragedia del capitán Dreyfus sigue resonando fuertemente en nuestros corazones. Tras haber dividido al país, ha contribuido a fortificar la República", dijo Chirac en el mismo lugar en el que Dreyfus fue degradado y rehabilitado. "Su rehabilitación es la victoria de la República, de la unidad de Francia, del rechazo del racismo y del antisemitismo, de la defensa de los derechos humanos y la primacía de la justicia", añadió. El mito Dreyfus viene aquí a intentar curar las heridas de la rebelión permanente de las "Banlieues" de precarios e inmigrantes. El llamado "Affair Dreyfus" fue durante un tiempo el paradigma de un problema de opinión pública donde los "mass media" burgueses (por primera vez) ocuparon un rol central. No sólo reemplazando los platillos desbalanceados de la justicia, al mismo parlamento y a la policía, sino que además es la propia prensa la que construye el mito Dreyfus. El caso también representó la coronación del escritor profesional como "estamento" y de los medios de comunicación como cuarto poder, un poder que podía ser igual o mayor al dinero. El autor simboliza una posición filosófica y política (l'ecrivain), los medios son ya gabinetes cuasi-ministeriales. La prensa de gran tirada es paralela a la revolución "Charpentier" en los libros: aparece el primer diario moderno, La Presse (1836), criatura de esa figura inclasificable llamada Émile de Girardin. También empiezan a aparecer formas de distorsión: la manipulación de la opinión pública, los despachos comienzan a ser "formadores de opinión" y se deslizan ya como agencias del estado. En Francia el gobierno puede regular sin problemas a la prensa a través del control financiero de su distribución o favoreciendo la diseminación de noticias importantes arbitrariamente (por medio de una agencia oficial, Havas). Ya en 1830, Carlos X vislumbró la importancia decisiva de controlar los nacientes "mass media": "La prensa periódica no ha sido, y no está en su naturaleza ser, más que un instrumento de desorden y sedición... Ella se ocupa de aflojar todas las líneas de obediencia y de subordinación, de destruir todos los resortes de la autoridad pública y de crearle obstáculos en todas partes..." Casi podrían ser palabras del presidente argentino Kirchner en sus embates contra la prensa escrita. Los medios se asumen como raison d'etat, como reconoce la brutal fórmula de Bismarck, que financiaba con lo que él llamaba Reptilienfond ("fondos para reptiles") diarios y campañas favorables al poder. Ni más ni menos que lo que sucede hoy con las pautas publicitarias estatales, noble mecanismo que ahorra el viejo gabinete de la censura decimonónica. Un gris funcionario de la Prefectura de París podía confesar en 1874 que "es frecuente dar mensualmente a cada diario una suma en relación con el número de lectores que tiene y de la influencia de que dispone, o mejor dicho: de la influencia que se le atribuye". Incluso muchas Agencias de Inteligencia tienen nóminas mensuales ya no a periódicos sino a periodistas individuales. Dreyfus es también es el nacimiento del "armado-edición" de prensa moderno: los editores profesionales seducen al público otorgando la mayor importancia a la diagramación y a la presentación material de los textos, distanciándose del modelo universal del libro y el folletín. Rápidamente se proponen títulos ilustrativos, litografías, fotografías. Zola y su artículo no hacen más que poner en evidencia esta revolución formal, impresionista, donde el artículo principal aparece organizado, con licencias gráficas y cuidadosa tipografía. Se reúnen varias columnas bajo un título común, estructurar la disposición de la página (en especial: la primera página y el margen derecho de lectura) en función de la importancia del artículo, "jugar" con el surtido de caracteres tipográficos para resaltar o no parte del texto de cuerpo, privilegiar la información (a la cabeza del periódico) en relación con las crónicas o el folletín. Se desarrolla toda una estética burguesa de la recepción. ¿El medio comienza a ser el mensaje? Un tercer elemento es el peso de los medios para fabricar la agenda política, lo que se llama "agenda-setting" (la redundancia que se produce empíricamente debido a la repetición de la misma comunicación). El efecto era movilizar (o desmovilizar, según el caso en el ciclo político) paralizando, o como afirma Enzensberger, los medios posibilitan movilizar manteniendo el feedback con el receptor al mínimo. En Francia, por otro lado, la resolución sobre la inocencia de Dreyfus, permitió que se asentara el "centro" político, el republicanismo moderado, que gobernaría con estabilidad hasta entrado los años '20 y cerrar un nuevo bloque nacional. Y, a su vez, las tendencias "antidreyfusardes" se fueron consolidando a fines de los '30, a través de escritores conservadores o de la nueva droit, como Henry Coston, Jean Drault (autor de
Histoire de l’antisémitisme), Léon Daudet o Louis-Ferdinand Céline. En Bagatelles pour un massacre (1937), Céline escribe: "le capitaine Dreyfus est bien plus grand que le capitaine Bonaparte. Il a conquis la France et l’a gardée" (Denoël, 1937, p. 199). Se cuestiona su inocencia y el proceso de re-habilitación. A la derrota de Francia en 1940, el régimen colaboracionista de Vichy elevará el "Antidreyfusismo" a verdadera Weltanschauung. El nombre de Dreyfus será borrado de libros y manuales escolares, incluso su acusador y cerebro del montaje, Du Paty de Clam, será restituido en su honor en 1944. En el mismo momento que la hija de Dreyfus, Madeleine Lévy, deportada en el ignominioso convoy 62 junto con 83 niños, muere en Auschwitz a la edad de 25 años.
Pero el "Affair" es, en primer lugar, el drama personal de la inocencia de un individuo, el capitán de logística Alfred Dreyfus, acusado de espionaje a favor de Alemania. El militar era un cursillista del Estado mayor francés, tenía en el momento de la acusación 35 años, estaba casado con la hija de un rico empresario joyero y padre de dos hijos. La sociedad francesa se dividió en quienes eran "dreyfusard" y quienes no. Camille Pissarro, Claude Monet, Paul Signac, Mary Cassatt y Marcel Proust (el background de su À la recherche du temps perdu es el conflicto del "Affaire Dreyfus") entre otros, componían el bloque a favor de su inocencia; en los "anti-dreyfusards" aparecían notables como Edgar Degas, Paul Cezanne, Auguste Rodin y Pierre-Auguste Renoir. Al perder su caso toda trascendencia para la prensa y los "dreyfusard" oportunistas, pasó al olvido. Pero Dreyfus continuó siendo el que siempre había sido: un soldado correcto pero muy ambicioso. Jamás se permitió ser manipulado por maniobras de políticos o montajes periodísticos. Después de un breve período de re-incorporación al ejército, renunció y paso a la reserva. Durante la Gran Guerra fue convocado al servicio activo y comandó con eficacia patriótica una columna logística de artillería pesada. Murió apaciblemente anónimo en 1935, siendo un anciano tranquilo, amable y pueblerino. Existe una exquisita anécdota recogida por Graham Greene y su hermano en el libro "The Spy's Bedside Book" (1957) (recomiendo su lectura). Durante los últimos años de su vida lo buscó para entrevistarlo un ex-combatiente y periodista de investigación inglés, Guy Chapman, quien lo encontró fumando pipa y jugando con pasión al Bridge. Sentado en una café, mientras conversaban del ascenso del fascismo en Alemania, se acercó un compañero de taberna quien le comentó a Dreyfus que un tal militar "X" había sido arrestado por espionaje a favor de los nazis, y, en seguida, comprendiendo su falta de tacto, añadió a forma de disculpa que seguramente era todo un montaje sensacionalista de la prensa. Dreyfus, sin dejar de mordisquear la boquilla de la pipa, comentó con mordacidad: "¡Oh, no sé! Después de todo, no hay humo sin fuego".

4 Comments:

Blogger BuenaPrensa said...

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Visitalo, y si te gusta me atrevo a pedirte que me linkees, ya que no recibo muchas visitas por dia...
http://buenaprensa.blogspot.com

2:54 a.m.  
Blogger jugo said...

Alguien me mostró este blog hace pocos días y estoy relamente sorprendido de su contenido, su calidad, temas, links, etc. Dan ganas de que las horas sean más largas para poder leer en detalle.

Maximilian Rubel!!! gran tipo. "Marx sin mito" es un libro que permitiría sacar a varios de su ceguera "ista" (marxistas, anarquistas, etc.).

Saludos

9:54 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

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12:57 a.m.  
Anonymous Anónimo said...

Where did you find it? Interesting read »

8:29 p.m.  

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