sábado, agosto 12, 2006

Günter Grass y la utopía nazi

I. "Ein globaler Schock". "Ende einer moralischen Instanz". Tales los epítetos de biógrafos y columnistas culturales en Alemania. Hasta Lech Walesa ha pedido que le retiren el Premio Nobel. ¿De qué se trata? El escritor premionobel Günter Grass, cabeza visible del Gruppe 47 y de la literatura engagée, ha confesado en el Frankfurter Algemeine Zeitung que perteneció a las Waffen SS, el cuerpo de combate de élite del Tercer Reich. "Ich war Mitglied der Waffen-SS". Grass, militante de la izquierda socialdemócrata y pacifista realizó esta confesión como una preliminar a la aparición de sus memorias: “Beim Häuten der Zwiebel” (“Con la piel de cebolla”), que saldrán a la venta en septiembre en Europa. Las declaraciones han sorprendido más por lo que callan que por lo que descubren. Hasta ahora en sus biografías aparecía que había servido en la Segunda Guerra Mundial como ayudante de artillería antiaérea, Flakhelfer, en 1944 (casualidad o no: el papa Benedicto XVI parece que también). En las repercusiones en los medios en español, cualquiera de ellas, el tema se banaliza, oscurece y pierde toda dimensión. En los archivos alemanes su ficha de detención y su pertenencia y grado siempre estuvieron a disposición del público. Según sus declaraciones en alemán, fue miembro de la Hitler-Jugend y realizaba trabajos en el “ReichsArbeitsDienst” (RAD), el servicio de trabajo público, y por voluntad propia, trató de ingresar en la Kriegsmarine primero (en submarinos), y luego en la Waffen SS, en concreto en la 10. SS-Panzer-Division “Frundsberg”. Fue una de las mejores unidades de combate de las SS. Su nombre es en honor a Georg von Frundsberg, un comandante alemán creador en el siglo XV de un formidable cuerpo de infantería mercenario, los Landsknechts.

El comienzo del último llamamiento a filas tuvo lugar en octubre de 1944: en plena noche se colgaron carteles en postes, árboles, ruinas de edificios y vallas en lo que quedaba del Reich. Se convocaba a todos los hombres entre 16 y 60 años que pudieran portar un arma. En 1944-1945 la tasa de muertes diarias de la Wehrmacht era de 5000 hombres. Más de dos millones de jóvenes entre 17 y 25 años fueron alistados en lo que se denominó “el sacrificio de los niños”. Para completar las unidades se alistaron miles de chicos entre 15 y 16 años. Grass ingresó en las Waffen SS durante este llamado. Cosa difícil por las estrictas condiciones de admisión. Seguramente tuvo entrenamiento en ¿Bad Töldz?, luego fue enviado a combatir en la malograda operación “Sonnewende” (“Solsticio Radiante”) en Pomerania que se inició el 16 de febrero de 1945. La “Frundsberg” formaba parte del IIIº SS Panzerkorps. Hubo una pelea por el nombre de la contraofensiva: los oficiales prusianos del Estado mayor querían llamarla “Husarenritt” (Cabalgata de Húsares), lo que en sí mismo parecía reconocer que la pomposa maniobra no pasaba de una incursión à lá Balaklava. Los de las Waffen SS insistieron con el nombre más enfático y nacionalsocialista de Sonnewende. No es una discusión sin sentido como parece: en el lenguaje del IIIº Reich, la Lingua Tertii Imperii (LTI), todo era radiante, sonnig (de sonne: Sol) y era un término muy extendido desde la guerra. Todo alemán auténtico en la jerga oficial era radiante: designaba una característica germana común, un atributo racial. El Solsticio era uno de los ritos de los antiguos germanos recuperado en el calendario nacionalsocialista (tenemos un bonito discurso de Heidegger sobre esta fiesta de la “Sangre y Tierra”).

La idea era del brillante estratega general Guderian: resuelto a mantener un corredor abierto al borde de Prusia Oriental, quería realizar un movimiento de tenaza desde el río Oder (sur de Berlín), y un ataque desde Pomerania que aislaría a los ejércitos rusos de Zhukov. El inicio comenzó bajo la dirección de Wenck, conocida como la batalla de tanques de Stargard (donde pelearon ¡voluntarios españoles fascistas!), y no fue un solsticio, ya que no cambió nada de la situación estratégica. Lo único fue darle a Berlín dos semanas más de respiro. En la mitad de abril parte de la división de Grass fue rodeada en Spremberg. Hace poco se impidió, justamente, una reunión de veteranos de la “SS-Frundsberg”… Hay un poema de Grass titulado: "Hallazgos para no-lectores" que recuerda esta experiencia: "Cuando con mis diecisiete años / y un cacharro en la mano / como el que Luisa, mi nieta / lleva cuando sale con los exploradores, estaba / sobre el margen de la ruta de Spremberg / comiendo guisante a cucharadas / cayó una granada: / La sopa se volcó / pero yo escapé / sólo con ligeros rasguños / y feliz". Seguramente allí fue herido el 20 de abril y trasladado a la retaguardia. En el reportaje aún recuerda sus terribles experiencias tras las líneas rusas… Tuvo mucha suerte: de los muchachos y chicos nacidos entre 1919 y 1928, casi dos millones perdieron la vida durante la entrada en acción en la guerra. Otras estadísticas nos indican la locura colectiva: el que fue llamado a filas en 1939 tenía una esperanza de vida de cuatro años; los reclutados en 1944 y 1945 la duración media de superviviencia había bajado a un mes.
La Waffen SS era el Corps del Führer, que intentaba suplantar y eliminar al viejo ejército aristócrata alemán. Pero no sólo eso. S. S. es el acrónimo de Schutzstaffel (Cuerpo de Protección), una organización que iba más allá de lo que su nombre indica: para Himmler, su alma mater, no era una simple y temporal institución político-militar, sino que constituiría la base de los futuros clanes o tribus germanas renacidas (“Sippe”) del Imperio. Las mismas cualidades raciales (genealogía aria, fertilidad, etc.) del voluntario se le exigían a su mujer o esposa. Los casamientos cristianos se anulaban y se realizaban ritos neopaganos. El espíritu general era antiliberal y ateo. Como decía Degrelle, un nazi belga fervoroso: “Los jóvenes sentían que la SS era la única Fuerza Armada que representaba a sus ideales. Las nuevas formaciones de la joven SS capturaron la imaginación pública. Vestidos con elegantes uniformes negros, los SS atraían más y más jóvenes”. ¿Motivos?: según Grass la enorme atracción del nacionalsocialismo como movimiento anticapitalista y jacobino (“Das Antibürgerliche am Nationalsozialismus sei entscheidend für die Mobilisierung seiner Generation gewesen”). Sí, han leído bien. La utopía nazi. En pleno año catástrofe de 1944 Grass no sólo seguía creyendo en el Führer, en la ideología del nacionalsocialismo sino que ofrecía su vida en la Totale Krieg declarada por Goebbels. Y, para agravar la situación, se ofrecía como voluntario en las Waffen SS, la élite fanática de combate, las tropas de la calavera, que para el otoño del ’44 manejaba toda la estructura político-económica alemana. Pero no era algo raro entre intelectuales, literatos y científicos en formación. Es parte de la fascinación populista del “Volkstaat” nazi.

II. “Amaba a Hitler”, confesaba el director de cine Ingmar Bergman en sus memorias; “El único rostro entre gentes sin rostro” afirmaba el filósofo Heidegger. “Hitler hizo más por los trabajadores que Stalin” sostenía Céline. “Es un fenómeno; qué lástima que yo sea judío y él antisemita”, dijo Joseph von Sternberg, el gran director de cine. Y siguen las firmas notables. “Esta juventud”, afirmaba Hitler en 1938 con un matiz sarcástico, “no aprende otra cosa que pensar como alemán, actuar como alemán”. Grass siguió el camino habitual de un niño de la generación de 1927: con 10 años formar parte como Pimpfe de la organización “JungVolk” DJ (Pueblo Joven); con 14 de las “Hitler Jugend” (Juventudes Hitlerianas”); después, del partido NSDAP y del “Reichs Arbeits Dienst” RAD (Servicio de Trabajo del Tercer Reich); luego, en palabras del propio Hitler: “…los incorporamos a las SS o a las SA y así sucesivamente, y ya no volverán a ser libres durante toda su vida”. En el “JungVolk” se tenían que soportar pruebas de ingreso muy duras (un triatlón y determinadas características raciales); después de haberlas aprobado, los nuevos miembros recibían un anhelado cuchillo de excursionista con la inscripción: “Mi honor significa fidelidad”. Solamente entonces se era un miembro auténtico de la nueva Alemania. En 1936 el 90% de los niños de esa edad ya estaban encuadrados. La “HJ” estaba compuesta por muchachos de 14 a 18 años; se ponía énfasis en la preparación militar, tiro con armas, mitos nórdicos, la comunidad racial, la preservación de la pureza de la sangre alemana, la biografía de Hitler y sus compañeros de lucha, el espacio vital. No sólo: realizaban patrullas de control del alcoholismo, de la prohibición de fumar y verificaban documentación en las calles. También denunciaban a la GeStaPo actitudes anti régimen o de la oposición. En “Mein Kampf” ya habían quedado claros los objetivos del Volkstaat: “Toda la labor educativa del Estado Popular debe hallar su coronación en la inculcación instintiva e intelectual del sentido y el sentimiento de la Raza en el corazón y el cerebro de la juventud que está a su cargo…”. Las condiciones de servicio en las Waffen SS iluminaban su carácter de formación de élite. De cada 100 aspirantes voluntarios solo entre 10 y 15 eran admitidos. Además existían las famosas y populares “NaPoLas” (“Nationalpolitische Lehranstalt”, por cierto existe una gran película sobre el tema), las Escuelas Adolf Hitler que educarían a la crema de los líderes juveniles. No es de extrañar la fascinación de muchas generaciones de jóvenes por Hitler.
El NDSAP se basaba en la desigualdad de las razas y la igualdad social dentro de la raza. Les prometió a los alemanes mayor igualdad de oportunidades de la que habían tenido en el podrido liberalismo de Weimar. En la práctica esto se llevó a cabo mediante la guerra de exterminio, el neocolonialismo, el saqueo y la expropiación. Vista desde adentro, la lucha de razas y su dinámica superaba y clausuraba tanto el individualismo del liberalismo anglosajón, como el materialismo limitado del judeo-bolchevismo. Hitler aufheben la lucha de clases (como lo reconocía Heidegger) y con ello propagaba una de las contra-utopías socialrevolucionarias y nacionalrevolucionarias que lo hizo inmensamente popular y de la que extrajo las energías de la política criminal estatal. Hablaba continuamente del Volkstaat, de construir un “Estado Social del Pueblo”, que en el futuro existiría, y que quebraría todas las barreras sociales. Como todos los revolucionarios, los seguidores del movimiento nacionalsocialista, muy jóvenes en su inmensa mayoría, sentían la urgencia del “ahora-o-nunca”. En el momento de la toma del poder (enero de 1933) Goebbels tenía treinta y cinco años; Heydrich veintiocho; Speer veintisiete; Eichmann veintiséis; Mengele veintiuno; Himmler treinta y dos; Göring, el más viejo, cuarenta. La edad media de los cuadros dirigentes del NDSAP era de treinta y cuatro años, la mayoría de clase media baja y del proletariado, entre los que abundaban hijos rebeldes con una utopía comunitaria romántica, altamente tecnicista, modernista y reaccionaria. En el programa nacionalsocialista muchos jóvenes no veían una dictadura, una represión del estado de derecho, sino libertad, aventura, anti-individualismo. El socialismo nacional no era un chiste: Eichmann reconocía en sus memorias que sus sentimientos políticos más intuitivos siempre estuvieron a la izquierda y que lo socialista era tan poderoso como lo nacional; y que en la época de Weimar el comunismo y el nacionalsocialismo eran considerados como “hermanos enfrentados”. Ni Kamerad, el término comunista de camaradería, ni Genosse, la palabra para el compañero utilizado por el movimiento socialista desde el siglo XIX, sino Volksgenosse: camarada racial. Era una dictadura de los jóvenes, como la califica el historiador Aly: “La juventud debe ser dirigida por la Juventud” (Hitler).
El Volkstaat de Hitler no fue una quimera sino una seducción real y objetiva: introdujo el entonces casi desconocido concepto de vacaciones pagadas a los trabajadores, la paga de Navidad, pagas por invalidez, duplicó el número de días festivos, educación superior totalmente gratuita, comenzó a desarrollar el turismo de masas y la motorización generalizada (con el Volkswagen), promovió la familia con el subsidio familiar (tratando fiscalmente peor a los solteros o adultos sin hijos), protegió al campesino frente a los caprichos del mercado mundial y la meteorología, reguló la circulación de carreteras, seguro obligatorio para automóviles, declaración tributaria en conjunto para matrimonios, se limitó la “depauperación del pueblo” mediante embargos y desalojos, leyes de protección de la naturaleza e incluso el concepto de pensión de vejez moderno (vital y móvil) según el cual “el nivel de vida de los veteranos del trabajo no puede diferir mucho de los Volksgenossen en activo”. Decía Hitler que “Alemania será tanto más grande cuanto más fieles le sean sus ciudadanos más pobres”.
También ideológicamente el nacionalsocialismo aparecía como un gran integrador ideológico y cultural en su aufheben. A título de ejemplo, en 1938 se cambió en el barrio de Berlín-Spandau el nombre de la “Calle de los Judíos” por el de Carl Schurz y otra de Bonn por el de Gottfried Kinkel, dos grandes revolucionarios de 1848-1849, conocidos y aliados de Marx y Engels en esas jornadas. Hitler se asumía no como un presidente o canciller, sino como Caudillo de todo el Pueblo Alemán y de toda su tradición anti burguesa. El NS-Staat era el realizador y legítimo heredero de las aspiraciones truncas de las revoluciones alemanas de 1848: “La obra por la que lucharon y dieron su vida hace noventa años nuestros antepasados, puede darse ahora por consumada”, señaló en un discurso en 1938 en Frankfurt, la ciudad revolucionaria en el Parlamento de la Paulskirche. Hitler hablaba del “cadáver estatal de los Habsburgo” que había sido enviado al fondo de la historia junto con el liberalismo materialista de Weimar en 1933. El comunismo era la otra cara del liberalismo, su contraparte necesaria. Era una nueva era, la joven Gran Alemania nacionalrevolucionaria despertaba por fin. Era la Comunidad Nacional Racial, la “Volksgemeinschaft” después de años de politiquería, burocracia, partidocracia, corrupción y despotismo empresarial. “¡Dentro de la Nación Alemana la mayor comunidad y posibilidad de formación para cualquiera, y hacia el exterior una actitud absolutamente señorial!”…era el “socialismo de la sangre pura”, como lo sintetizó en una fórmula feliz Himmler.

III. Estaban los Volksgenossen activos, como el voluntario Grass. Pero para el régimen y su legitimidad de masas existía otro escalón de lealtad política esencial: los jóvenes pasivos y los neutrales. “En aquella época consideré la posibilidad de incorporarme a las SS. ¿Por qué? Porque un hombre de las SS tenía un aspecto mejor y hablaba mejor y caminaba mejor que los mortales corrientes. La razón era la estética, no la ideología”. Las declaraciones son del filósofo anarquista de las ciencias, autor de un famoso libro “Against Method: Outline of an Anarchistic Theory of Knowledge” de 1975, en español: "Contra el Método". Una obra heterodoxa plagada de citas de Marx, Engels y Mao, el vienés Paul Karl Feyerabend. La confesión se encuentra en sus minimalistas memorias, Zeitverschwendung (“Matando el Tiempo”) editadas póstumamente en 1995. Feyerabend era de la generación de 1924, y como Hitler, era austriaco y un voraz lector de las novelas de aventuras románticas de Karl May. Vivió el Anchluss, la unificación de Austria en la Gross Deutschland en 1938, con entusiasmo. “’Pronto trabajaremos de nuevo’, decían los desempleados; ‘Van a ocuparse de nosotros’, decían los indigentes; ‘Por fin somos libres’, decían destacados socialistas”, señala en su entrada de marzo de 1938. La anexión de Hitler sería el comienzo de una era comunitaria y la liberación “de la Tiranía del Totalitarismo católico que gobernaba Austria desde hacia años”. Sólo una despreciable minoría se oponía al nacionalsocialismo. Su padre leía “Mein Kampf” en voz alta a toda la familia. Feyerabend también entró en las “HJ”. En sus lecturas estaba impresionado e influido por el antirracionalismo de Nietzsche en “Also sprach Zarathustra” y por “Der Mythus des zwanzigsten Jahrhunderts”, de Alfred Rosenberg, teórico de la teoría racial nazi y de la estética völkisch: “casi sentía el flujo de la sangre nacional y el poder del Todo del que procedía…”. Rosenberg en las primeras páginas afirmaba: “Alma significa Raza vista desde adentro. A la inversa, la Raza es la externalización del Alma”. Pensemos hasta dónde habrá llegado la influencia anti-racionalista del modernismo reaccionario en sus perspectivas metodológicas… Con estas afinidades electivas, Feyerabend pasó por el “RAD”, se presentó como voluntario para ser oficial, terminó su instrucción en la Yugoslavia ocupada y fue enviado en 1943 a combatir en el Ostfront, en la zona del Lago Peipus, en Staraia Russa, cerca de Pskov. Por su valor y arrojo se ganó la Ritter Kreuz de Segunda Clase, la deseada “Cruz de Hierro”, a comienzos de 1944, además de tres orificios de bala en la cara, la mano y la columna vertebral. Terminó combatiendo en 1945 en Polonia, muy cerca de Grass, donde recibió heridas gravísimas. Anduvo con muletas hasta su muerte. La seducción que ejercía el nacionalsocialismo era para Feyerabend por su irradiación estética y su avanzado populismo ateo. “A menudo sueño que he cometido traición o asesinato” concluye su relato de esa época.

IV. Los neutrales pueden ser identificados con Heinrich Böll, el escritor igualmente premionobelado. Lejos de ser un asesino voluntario, ni siquiera un simpatizante difuso del nacionalsocialismo, Böll ejemplifica el hombre medio alemán que simpatiza con el demonio mejor que Grass o Feyerabend. Fue reclutado en la Wehrmacht en 1939 después de pasar por el obligatorio “RAD”; era de la generación nacida en 1917 y estudiaba filología, como soldado participó en Países Bajos, Francia, Rumania y Rusia. Pacifista y cristiano, su fuerte texto “Carta a un joven cristiano” (1958) recuerda sus experiencias en Francia y cómo miembros de su unidad robaban sábanas, mantas o juguetes en las casas abandonadas, dividiendo los objetos más voluminosos para poder hacer paquetes y encomiendas que se enviaban a casa. Allí nos relata que él, mientras tanto, se dedicaba a visitar catedrales y debatir la práctica del catolicismo en un mundo atroz. En el año 2001 se editaron en Alemania sus cartas de la época de guerra en dos volúmenes, Briefe aus dem Krieg 1939-1945. La compiladora, Annemarie Böll, realizó cortes que se indican en el texto, pero es un documento de primer orden para entender la hegemonía del nacionalsocialismo incluso en personas como Böll. Uno de los proyectos del Volkstaat, una vez ganada la guerra contra la URSS, era la colonización brutal con limpieza étnica (“Rusia será nuestra India” comentaba Hitler en sus charlas de sobremesa), un plan general de asentamiento en el Ost que debía ofrecerles a los alemanes más espacio, más materias primas y posibilidades de desarrollo personal. En su forma más difundida, fijada en 1942, antes de Stalingrado, el plan preveía desplazar hacia Siberia a cincuenta millones de eslavos. Ese plan era concebido como parte fundamental del “socialismo nacional” y estímulo de un ascenso de clase en Alemania. Hitler se entusiasmaba: “Podemos sacar a nuestras familias pobres de Turingia… para darles grandes espacios”. En sus charlas de café Hitler se ensoñaba en cómo se comportaría con esos aborígenes eslavos y asiáticos: “a los ucranianos les haremos llegar pañuelos de la cabeza, cuentas de cristal y todas esas fruslerías que tanto le gustan a los pueblos coloniales… durante el período de cosecha se establecerá en cada pueblo grande un mercado, al que nosotros llevaremos nuestros cacharros… el percal más barato y más multicolor es para ellos maravilloso”. El plan se proponía eliminar al ejército industrial de reserva en sentido marxista, incluso los campesinos pequeños e improductivos, y apuntaba formar colonos con aquellas capas sociales que treinta o sesenta años atrás habían debido emigrar a América. El 31 de diciembre de 1943, desde un hospital de campaña en Ucrania, Böll escribía a sus padres: “Echo mucho de menos el Rhin, Alemania, y sin embargo pienso a menudo en la posibilidad de una vida colonial aquí en el Este después de haber ganado la guerra”. Las promesas era que uno se podía en convertir en rico en Ucrania de la noche a la mañana. Existe un cuento de Böll, “Aquellos días en Odessa”, donde varios soldados alemanas, mientras esperan que los trasladen al frente en Crimea, intentan matar el tiempo comprando comida y emborrachándose con su pobre paga, incluso malvendiendo objetos personales en el puerto de Odessa. Gracias a sus Briefe podemos saber que desde el mismo hospital le escribía a sus padres “en el bazar podíamos comprar lo que quisiéramos”. Lo que el cuento oculta e invierte es el perverso mecanismo de “botín de guerra” que el NS-Staat aplicaba durante la ocupación: se imponía un tipo de cambio forzoso altísimo favoreciendo el poder del Reichsmark, las tropas alemanas vaciaron literalmente las tiendas de Europa, África y el Este, enviando a casa millones de paquetes desde los frentes. Zapatos, terciopelo, seda, licores, café, tabaco de Grecia, miel, tocino y cueros de Rusia, arenques y bacalao de Noruega, etc., etc. Producían no sólo inflación, sino desabastecimiento y mercado negro: hambre para la población local. Böll estaba fascinado por lo que podía comprar con su paga de soldado, y ya en 1939 empezó a enviar café desde Rötterdam y a pedir que la familia le enviara todo el dinero posible. Escribía: “quiero empaquetar rápidamente la mantequilla y también jabón (cuatro grandes pastillas) para que salgan hoy al mediodía… me siento feliz cuando tengo para enviaros algo…”. Böll remitía un hermoso grabado desde París, cosméticos, cebollas, un par de zapatos, tijeras de uñas, huevos, chocolate…El efecto corruptor de las nuevas posibilidades de pillaje ampliadas se deducen de sus cartas inocentes: “parece como si estuviésemos despojando a un cadáver”. Así surgieron millones de lealtades basadas no sólo en las promesas del programa político de Hitler sino de este calculado enriquecimiento ilícito individual, lealtades pasivas. Pero la dictadura de Hitler no necesitaba más para funcionar políticamente ni para continuar una guerra de conquista ad eternum. La familia de Böll, muy católica y políticamente alejada de la Weltanschauung nazi, se encontraba plenamente satisfecha. Nacionalsocialismo: una utopía siniestra pero casera y concreta para todos los alemanes. La máxima aspiración demagógica del nacionalsocialismo, mantener el buen ánimo y la lealtad de la mayoría de los alemanes con una combinación de populismo, progresismo fiscal, asistencia social, welfarismo, junto al terror puntual en los pliegues sociales, se logró con demasía. Así pudieron destruirse la felicidad, el futuro y la vida de millares de miles de personas.

6 Comments:

Anonymous Frau Krempel said...

Magnífico, y me gustaría saber de dónde has sacado las frases textuales que atribuyes a Hitler. Me gustaría leer más.

2:10 p.m.  
Anonymous Dario Villaseñor said...

Excelente trabajo, lo acabo de leer en Rebelión de España (aunque yo soy de México). Las referencias que mencionas y todas las ligas de internet hacen que uno se de en la cabeza de no hablar más alemán. Pones los puntos y los hechos en su lugar. ¿Tienes más referencias bibliográficas?

Antes de que crucifiquen a Grass, sería bueno que muchos, pero muchos leyeran tu escrito.

Saludos y voy a leer las demás cosas que tienes en tu blog. Espero que al menos, estén tan buenas como lo que leí ;D. Nuevamente felicidades.

12:46 a.m.  
Blogger Marta Salazar said...

Hola, me recomendaron tu artículo en mi blog. Y he llegado hasta tus pagos.

"Hasta Lech Walesa ha pedido que le retiren el Premio Nobel". No, lo que pidió Lech es que Grass (o Sr. Césped o pasto, como se le quiera traducir) renuncie a la cudadanía de honor de Leipzig, ciudad donde nació y se crió.

Después de la carta que Grass envió al alcalde de Leipzig, Walesa ha decidido renunciar a esta exigencia.

A propósito, por lo menos de parte de madre (a la que él adoraba, a diferencia de su padre, según cuenta en su libro cuyo título traduciría como "pelando la cebolla", en el sentido de sacándole cada una de sus capas) Grass no es precisamente lo que se llamaría un "alemán puro", un ario. Esto, en mentes racistas y retorcidas como la de Grass, le debe haber conducido a diversos problemas consigo mismo.

Grass tenía 17 anos al ingresar a la Waffen-SS volutanriamente, como tú bien senalas. Sabía perfectamente la diferencia entre las SS y las Fuerzas armadas.

Las chicas debían entrar al Bund Deutscher Mädchen o BDM que debe haber sido horrible!

Un saludo grande!

7:23 p.m.  
Blogger franco de los santos said...

Qué buen artículo. Ya ni recuerdo cómo entré aquí, pero el azar me ha ayudado de nuevo.
Excelente.

2:35 a.m.  
Blogger QUINO said...

Exelente artículo. Cosas como la predestinación, lo mesíanico, la exaltación de una raza, la voluptuosa sensación de belleza y perfección, la divinización de un pueblo, de tú pueblo, a extremos casi delirantes, es la mejor arma para hacer tuyo a un muchacho de 14 o 17 años, que siente en sí mismo toda aquello que se endiosa ante sus ojos. Qué agudeza; qué certero ataque psicológico; qué bien elegido el punto débil... Yo creo que no se puede acusar a un hombre, a un ser humano, por haber sucumbido a algo tan seductor, cuando en las venas hierve una sangre ingenua, entusiasta y leal por naturaleza: la de un muchacho de 14 o 17 años. Yo, un hombre mayor, a veces me dejo encantar por ese sueño tan maravilloso, y seguramente en mi fantasía estoy dispuesto a entregar mi vida por ello. Y seguro vería los crímenes, las matanzas, si bien con horror, justificados por ese sueño tan bello y eterno: "Después que se haya limpiado todo, la vida será magnífica"... Yo creo que Grass, y aún no leo "Pelando la cebolla", debe sentir mucho remordimiento, vergüenza y ganas de desahogarse. Por eso, como en el "Tambor de hojalata", se pone a pelar cebollas para sacar todo de dentro.
Felicidades por el artículo, muy bueno. Gracias.

9:59 a.m.  
Anonymous Anónimo said...

mansos, idiotas y cristianos. continúen con sus vidas carentes de sentido.
L

5:28 a.m.  

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